Liga ACB: Baskonia, manual de supervivencia

Liga ACB: Baskonia, manual de supervivencia

Estamos en el año 2010 después de Jesucristo. Toda la Península Hispánica está ocupada por madridistas y barcelonistas. ¿Toda? ¡No! Un equipo poblado por irreductibles baskonistas resiste todavía y siempre al invasor.

Esta versión libre, moderna y baloncestística del comienzo de las aventuras de Asterix y Obelix podría aplicarse perfectamente a un club que sobrevive año tras año en la elite del baloncesto a pesar de fugas, expolios y desintegraciones varias. Pero no sobrevive de cualquier manera. Lo hace ganando títulos, mirando a los ojos a los grandes monstruos futbolísticos, y demostrando continuamente que del reciclaje y la renovación constante se puede extraer un beneficio excepcional.

El último ejemplo lo tenemos en el título de la Liga ACB cosechado frente al que dicen es el mejor equipo FIBA de la historia. Con piel de cordero, Caja Laboral destrozó, no sin sufrimiento y emoción, al campeón de Europa más claro que se recuerda, a la plantilla perfecta diseñada científicamente por el maestro Creus, rompiendo y aniquilando sin piedad todos los pronósticos de sabios, gurús, y aficionados medios que asistimos con asombro y admiración a una de las gestas más increíbles que se recuerdan en el baloncesto español.

¿Cuál es el secreto del éxito? ¿Es el sargento Dusko el druida Panoramix que nutre con su poción mágica a los irreductibles baskonistas? Nocioni, Calderón, Oberto, Ukic, Macijauskas, Rakocevic, Mickeal, Prigioni, son sólo unos cuantos de los grandes nombres que han pasado en los últimos años por las filas vitorianas. Jugadores que, en mayor o menor medida, han dejado huella por su calidad, y que con su marcha dejan un supuesto vacío traumático que el tiempo se encarga rápidamente de desmentir. El último golpe: Tiago Splitter. Santo y seña de la supervivencia vitoriana, su irremediable misión a las Américas, vuelve a dejar huérfanas, por enésima vez, las esperanzas de la resistencia disidente.

Pero un rayo de luz, como acaba sucediendo siempre, vuelve a mostrarse en el horizonte. Nemanja Bjelica, la última esperanza serbia, un 2,09 capaz de jugar de base y de lo que quiera, deseado por media Europa y seguido de cerca por la NBA, aterriza para continuar y posiblemente liderar la misión de resistencia ante el bipolarismo amenazante de la Liga ACB. Llega con dos escuderos de lujo: Pops Mensah Bonsu y David Logan, y alguno más que está por llegar (¿cuanto tardará Trias?).

A pesar de todo, verano tras verano seguiremos escuchando la misma cantinela de cada año: No podrán competir con los grandes. Después de tantos años ¿de verdad alguien lo duda?

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