Liga ACB: Carta a los reyes magos de un entrenador italiano
Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:
No recuerdo exactamente la última vez que os escribí una carta. Debía ser un niño, en Catania, y seguramente os pediría aquella bicicleta azul o aquel tren eléctrico que tanto me fascinaban. En su lugar, siempre recurríais a la bufanda, a los zapatos o al jersey de lana que tanto gustaban a mis padres. Pero no os guardo rencor. Eran tiempos difíciles para ciertos lujos y siempre tuve claro lo que era prioritario.
Muchos años después, aquí me tenéis. No puedo quejarme, la vida me ha tratado muy bien. Estudié y me convertí en un entrenador de baloncesto muy reconocido en todo el mundo. Me casé, viajé por toda Europa y gané bastante dinero. Conocí a mucha gente, buena y mala, generosa e interesada. Viví experiencias de todo tipo que jamás pude soñar. Gané títulos, respeto, consideración, y la admiración de gran parte de mis colegas, de mis jugadores y de los aficionados. Sí, es cierto. La vida me ha sonreído. Y quizá no soy el más indicado para pediros nada.
Empiezo esta carta desde las alturas. Volamos con destino a Madrid después de jugar un partido muy importante contra nuestro eterno rival. Sí, ahora vivo en la capital de España después de años padeciendo el frío de Moscú. En lo personal el cambio ha sido muy positivo. Mi mujer está encantada con la ciudad. Pero en lo profesional, las cosas no están funcionando como esperaba. Observo a mí alrededor las caras de mis chicos y son todo un poema. Están tristes, cabizbajos, desconcertados. Y no es para menos. Han vuelto a salir masacrados de la pista de nuestro rival principal. Y no es la primera vez, ni la segunda. Y es que ya he perdido la cuenta. Mis jefes me miran disimuladamente, con rostro desconfiado y cara de circunstancias. Empiezo a pensar que ya no creen en mi.
Hace año medio aproximadamente, los dirigentes de uno de los clubes más importantes del mundo me llamaron para que reflotara a su maltrecha sección de baloncesto. Una sección que vivía de un pasado glorioso pero demasiado alejado en el tiempo. Una sección maltratada por la indiferencia, por el desinterés y por la incompetencia de algunos responsables. Como dicen por aquí, me ofrecían el oro y el moro. Un señor argentino, alto y con una educación exquisita me vendió un proyecto excepcional, lleno de grandeza y excelencia, con dinero para gastar y con la ilusión de devolverles a la élite del baloncesto europeo. No me pude resistir.
Tras un año difícil, y a pesar de explicar una y otra vez que un proyecto de estas características necesita tiempo y fe para consolidarse, me encuentro con que todas aquellas promesas brillan por su ausencia. Me prometieron competir con los principales presupuestos del continente, y en su lugar me lo bajaron, con la dificultad por tanto de llevar a cabo fichajes importantes. Me cambiaron a mi jefe, con el que me entendía a la perfección y que conocía en profundidad el mundo del baloncesto, y me colocaron a otro que quiere inculcarme no tengo muy claro el qué, que me acusa de desconocer la ACB y con el que apenas trato. Del otro prefiero no hablar, es buen chico, pero no sé muy bien cuál es su función. Ni siquiera mi jefe supremo, del que dicen algunos es un ser superior, me trata como antes. Dice que gastamos demasiado. De todas formas le veo poco, porque el baloncesto no va con él.
Me prometieron jugadores capaces de marcar diferencias. Me aseguraron que harían todo lo posible por traerme a un chico que vive en Portland y que por lo visto no es muy feliz, y en su lugar me han traído a un chaval que si bien tiene mucho talento, está demasiado perdido y debo enseñarle todavía a dirigir a un equipo en la pista. Me prometieron poder cortar a quien yo quisiera, pero nada más lejos de la realidad. Me imponen jugadores que ya no me sirven.
Que distinto era en todo en Moscú. Allí me lo permitían todo porque creían en mí. Y esa fe la devolví sobradamente en forma de títulos continentales. Aún me siguen llamando, me dicen que tengo las puertas abiertas de par en par y que me echan de menos. Tengo nostalgia, para que negarlo.
Incluso los aficionados, que antes me idolatraban y me admiraban, van cayendo cual castillo de naipes. Me consideran el culpable de todo. Llevan casi veinte años sin ser nada en Europa, y ahora resulta que la culpa es mía. Dicen que trato muy mal a mis jugadores. Ay mis jugadores. Necesitaría otra carta para hablar de ellos. Pero sé que no tenéis demasiado tiempo. Tengo a dos jóvenes de origen balcánico que estaban llamados a ser los mejores de Europa. Cada vez que me ven aparecer, se esconden. Intento inculcarles carácter, fuerza, determinación, pero empiezo a creer que no son capaces de aprenderlo. Son una caricatura de lo que fueron. Tengo a un base argentino, veterano y con demasiada personalidad, que a la mínima de cambio se encara conmigo. Tengo a un chaval americano muy simpático, pero incapaz de meter una canasta de tres puntos. Y mis jugadores españoles hacen la guerra por su cuenta. Creo que he perdido el control del vestuario.
Ya veis. Las cosas no van como esperaba. Por eso recurro a vosotros. Mis jefes me tienen prohibido pedirles nada. Dicen que abusé demasiado el año pasado. Tampoco quiero abusar de vosotros, pero os pediría:
- Un jugador (a poder ser dos) diferencial, que por sí solo gane partidos. En Barcelona los fabrican a pares. Últimamente suenan rumores sobre un tal Ramunas que ya estuvo a mis órdenes en Rusia. No me vendría nada mal. Pero no sé yo si con este presupuesto...
- Toneladas de proteínas para uno de mis pívots. También aceptaría una transfusión de sangre, porque en ocasiones parece que no tenga.
- Alguien que metiera un triple.
- Una vacuna contra el miedo para cuando se enfrenten al eterno rival.
- Un poco de carbón para mis jefes.
- Que los árbitros me respeten como antes.
- Una cancha propia que fuera el orgullo de todos.
- La paciencia y la tranquilidad de la afición y de los medios de comunicación (y si es posible que dejen de compararme con un tal Joan y que dejen de substituirme por un tal Pepu).
Incluso con una sola de estas peticiones, me daría por satisfecho. Muchas gracias y hasta el año que viene.
Fdo. Un entrenador italiano de baloncesto,
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Comentarios
Estimado Sr Messina: 1) Nos
[avizoso] 05/01/2011 15:51
Estimado Sr Messina:
1) Nos alegra enormemente saber que su vida personal responde a las expectativas que le llevaron a cambiar de lugar de trabajo.
2) Nos entristece, asimismo, la situación anímica que están pasando usted y sus chicos. Esperemos que con la llegada del nuevo año la dinámica cambie y los malos momentos queden en el olvido.
3) Nos extraña su desilusión ante las promesas incumplidas por parte de los gestores del equipo para el que trabaja. Si esto sigue así lo mejor que puede hacer usted es comunicarles personal y oficialmente su desencanto, explicarlo a los aficionados claramente y cambiar de proyecto. Si usted opta por el silencio será cómplice del engaño.
4) Creemos también que usted no debe aceptar imposiciones técnicas de los directivos futboleros. Como máximo responsable del equipo de baloncesto sus palabras deben regir el rumbo del equipo, que no puede ser gestionado eficazmente con parámetros futbolísticos.
5) Nos preocupa también que reconozca que ha perdido el control del vestuario. Esto, de ser como afirma cierto, es lo más preocupante de todo. Lo que debe hacer el club es, si confía en usted, respaldarle adecuadamente ante ellos, poner a aquellos rebeldes e insumisos en su sitio, seguir sus indicaciones en cuanto a la incorporación de nuevos jugadores y admitir el órdago de que al final de temporada es cuando se rinden cuentas del ejercicio baloncestístico. Si no es así, lo más beneficioso para todos es hacer las maletas y despedirse como un señor.
6) En cuanto a sus peticiones finales, sabe usted bien que su cumplimiento ya no depende de nosotros. Si en la mañana del día de Reyes no ve cumplidas sus peticiones, será porque no ha sido lo suficientemente bueno todo el año. pero, no desespere todavía, la magia de Oriente hace a veces lo inesperado y tal vez las piezas de este puzzle empiecen a encajar poco a poco si se tiene un poco de paciencia. No olvide que nosotros llevamos regalos a todos los lugares del mundo y que a veces hay coincidencias en los regalos y no somos dados a las falsificaciones.
Feliz noche de Reyes,
Los Tres Magos de Oriente
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