Fernando Martín, 24 años sin un mito

Fernando Martín nos dejó hoy hace 24 años, su legado sigue inspirando los sueños de los españoles en la NBA

Fernando Martín, el día de su debut con Portland en 1986
Fernando Martín, el día de su debut con Portland en 1986

Hoy hace 24 años, en un 3 de diciembre frío como cualquier otro en la presente época en Madrid, nos dejó un mito del baloncesto español y europeo. Fernando Martín fue el primer español en cruzar el charco, el ejemplo y el pionero de la posterior generación que cambió un par de décadas más adelante la relación de los españoles con la NBA. Un trágico accidente de tráfico acabó con la vida de un hombre que se convirtió en leyenda y que sigue despertando auténtica admiración incluso entre las generaciones que no le vieron jugar.

Es difícil aportar algo nuevo o diferente al relato sobre la vida de Fernando Martín y todo lo que ha significado para el deporte en nuestro país. El baloncesto en España probablemente no sería lo mismo sin él. Jamás le vi jugar y tampoco le vi con vida, ya que murió antes de que naciera un servidor. A pesar de ello, un aura mística siempre ha rodeado la figura del jugador. El pívot, amante de los coches y la velocidad, se dejó la vida en la M-30 a los 27 años. 24 años después, el 3 de diciembre todavía es una fecha señalada para los amantes del baloncesto de este país.

Pívot de silueta esbelta pero con mucho músculo, fue la pesadilla de los atacantes y los defensores rivales desde sus 2.05 metros de altura. Mucha cabeza, una técnica muy trabajada y talento rebosante. Sus atributos le permitieron convertirse de la noche a la mañana en una de las figuras más codiciadas del baloncesto español con tan solo 16 años. Probó la natación, el judo, el tenis de mesa y el balonmano hasta que se topó con un balón de baloncesto. A los 16 años el Estudiantes ya le había echado mano y le hizo debutar en la ACB y en la Copa del Rey apenas cumplidos los 17.

Los grandes batallaron por él, y pese a estar prácticamente ligado por el Joventut, se marchó al Real Madrid, donde triunfó desde el minuto uno. En su debut como blanco, en 1981 ante la selección de Australia, anotó 50 puntos y disputó los 40 minutos de juego. Fue la primera de muchas alegrías que estaban en camino.

En seis temporadas en España fue campeón de Liga con el Real Madrid en 1981-82, 1983-84, 1984-85 y 1985-86, campeón de Copa del Rey en 1984-85, 1985-86 y 1988-89, subcampeón de la Copa de Europa en 1984-85, campeón de la Recopa en las temporadas 1983-84 y 1988-89 y campeón de la Copa Korac en la temporada 1987-88.

De las temporadas que existen datos estadísticos podemos extraer unos promedios de más de 20.7 puntos y 7.5 rebotes por partido con porcentajes de tiro superiores al 60%. Para su época, un fuera de serie.

Se dice todavía que no era un anotador, sin embrago en su última temporada antes de dar el gran salto a la NBA promedió 23.3 puntos y dominó de forma absoluta el juego interior de la competición en España.

Con la selección consiguió la medalla de plata en el Eurobasket de Nantes 1983, y la histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Estuvo cinco años en el combinado nacional, en los que disputó 86 encuentros. Formó parte de un Madrid legendario y de una selección española única, también precursora de los éxitos de la generación del presente.

En 1985 los Nets le seleccionaron en el draft y le ofrecieron un contrato no garantizado. Fernando aparcó un sueño muy personal, pero lo retomó cuando el próximo año los Portland Trail Blazers le dieron un puesto en la plantilla. Mike Schuler, entrenador de los de Oregón, le permitió debutar en su primer partido, un detalle hacía el jugador y hacía los periodistas desplazados para relatar el histórico acontecimiento. Después la historia fue otra cosa.

Fueron dos minutos de gloria, Martín se convirtió en el primer español en cumplir el ‘sueño americano’ en términos baloncestísticos. Era su objetivo y dejó la fama y el dinero en España para conseguirlo. Así relataba su experiencia en la liga, palabras de un mito que reflejan un pasado y un presente muy distintos, algo que él ayudó a cambiar atreviéndose a dar el gran paso:

Le habrán dicho que soy un chulo, un loco, un caprichoso, un niño de papá. Lo dice mucha gente. Mi estancia en este país me ha servido enormemente a nivel profesional y como persona. Te das cuenta de muchas cosas, de lo que es España, tu tierra. La echas muchísimo de menos. Ves toda la riqueza, pero también te das cuenta de sus defectos: la envidia, la falta de información… El no reconocimiento de todo aquello que no sea familiar.

No quiero ser duro, pero hay que diferenciar a la gente. Hay algunos que no entienden que esté aquí porque prefieren verme en el Real Madrid, pero los hay que son simplemente envidiosos. A los envidiosos no los puedes convencer nunca. Primero dirán: “Este hombre no puede entrar en la NBA”. Si lo consigo dirán que no voy a jugar. Si solo juego veinte minutos comentarán que nunca triunfaré en la NBA. Y si llegara a triunfar, hablarán de lo tonto que he sido por haber perdido una serie de millones. Aquí no se viene a triunfar, eso es algo que a la gente no se le mete en la cabeza. Para mí triunfar es cada día aprender de los mejores.

Integrarse en la NBA es partir de cero. Hay que aprenderlo todo. El cambio respecto a Europa es tan grande que nadie se lo podría creer. Esto es otro deporte, cualquier parecido con el baloncesto es únicamente que en la cancha hay cinco hombres.

Se encontró con otro mundo, con otro baloncesto. Fernando Martín apenas jugó 24 partidos con los Portland Trail Blazers de 1986-1987, con 146 minutos disputados, 22 puntos anotados (media de 0,9 puntos por partido), 9 rebotes, 1 tapón y siete balones robados.

Su mejor partido fue contra los Clippers, disputo 15 minutos en los que anotó 6 puntos y capturó 7 rebotes. Está claro, números nada destacables, y es que se encontraba en una realidad diferente. A pesar de ello, fue respetado y disputo minutos junto a auténticas leyendas, algo que no se ganó a través de la providencia.

Jugó con Terry Porter, Jerome Kersey y Clyde Drexler, auténticas leyendas de la liga norteamericana. También se enfrentó a grandes como Magic Johnson, Michael Jordan o Larry Bird. Drexler reivindicó hace poco el papel de Martín y su capacidad y talento que no vieron recompensa en la exigente NBA:

Era un tipo muy amable, un gran compañero. También trabajó muy duro. Teníamos demasiado talento en ese equipo, así que [Fernando] no jugó mucho, pero podía jugar. De verdad que podía. Simplemente tuvo la mala suerte de llegar cuando nuestro equipo estaba lleno de talento. Era muy fuerte. Era muy físico y le gustaba el contacto. Te prometo que también tenía talento. Era un tipo grande y fuerte que podía correr y que jugaba muy fuerte.

Recuerdos de una leyenda, memorias de otra. El destino le cruzó brevemente con Drazen Petrovic en su vuelta a Madrid. Precisamente no fueron mejores amigos e incluso tuvieron ciertos roces y declaraciones cruzadas. A pesar de ello, sus caminos se juntaron en la muerte y en la trayectoria deportiva. Petrovic empezó su camino hacía la gloria en Madrid, cuando coincidió con el desafortunado Martín. Siguió sus pasos y debutó en la NBA con la camiseta de los Blazers.

El destino es caprichoso, y es que Petrovic triunfó en los Nets, el equipo que había intentado convencer a Martín en 1985. En 1993, un accidente de tráfico quitaba la vida a otra leyenda del baloncesto europeo. La muerte unió a dos genios y a dos pioneros del baloncesto europeo y la equiparación de este con la NBA.

Pau Gasol, quién tomó el relevó de Fernando Martín 15 años después y alcanzó la condición de mejor jugador español de la historia, destacó el figura del español y su lugar en la historia. “Cruzó la puerta que nadie antes había cruzado, es algo verdaderamente especial, y eso es lo que Fernando hizo como jugador. Su memoria debe pasar a las nuevas generaciones, fue y sigue siendo un icono del baloncesto español”.

De leyenda a leyenda, el recuerdo del hombre que cambió para siempre el destino y el futuro del baloncesto en España perdura en la memoria. Gracias Fernando.

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