Recordando a Micheal Ray Richardson

Hoy cumple 61 años Micheal "Sugar" Ray Richardson, mítico base de los años 80 cuya prometedora carrera se desmoronó a causa de su adicción a las drogas.

Micheal Ray Richardson / SI
Micheal Ray Richardson / SI

25 de febrero de 1986.

Fecha que marcó el definitivo y demoledor punto de inflexión en la carrera de Micheal Ray Richardson. Ese día, "Sugar" Ray dio positivo por cocaína por tercera vez, lo que provocó que David Stern, Comisionado de la NBA por aquel entonces, expulsara definitivamente al mítico base de la NBA. Era la primera vez que un jugador era apartado de la competición tras la instauración del Programa Anti-drogas en septiembre de 1983.

Su odisea por la liga comenzó en 1978, cuando los Knicks apostaron por un joven base de 1.96 metros procedente de la Universidad de Montana en la cuarta posición del Draft de aquel año, dos puestos por encima de Larry Bard. Su impacto en la NBA fue instantáneo, donde se le atribuyó el calificativo de "el nuevo Walt Frazier."

Aunque su primer año fue especialmente discreto, Richardson comenzó a labrarse un nombre en su segunda campaña en la liga, donde se convirtió en el primer jugador en la historia de la NBA en liderar el ránking de asistencias (10.1) y robos (3.2) en una misma temporada. Esta situación le llevó a ganarse el cariño de la afición del Madison Square Garden de forma inmediata.

Aquella temporada marcó, además, otro hito en la liga, pues supuso el debut de dos jugadores llamados a dominar la NBA en la siguiente década: Larry Bird y Magic Johnson. Ambas estrellas, leyenda pura de la NBA, no dudaron en elogiar a "Sugar" Ray. Mientras que Magic Johnson admitió que "Micheal Ray fue un tipo que jugaba como yo", el ex-alero de los Celtics llegó a designar a Richardson en una ocasión "el mejor jugador del planeta."

Richardson era un jugador increíblemente versátil ya que, a pesar de desempeñar, principalmente, labores de base, sus capacidades físicas y defensivas le permitían ocupar cualquier posición exterior de la cancha. Podía manejar el partido a su antojo y surtir de balones a sus compañeros con pases milimétricos, a la vez que no dudaba en hacerse cargo de la faceta anotadora del equipo si era necesario. Se estableció, también, como un duro defensor, lo cual pone de manifiesto sus dos inclusiones en el Mejor Quinteto Defensivo de la NBA (1980 y 1981).

Ante tal derroche de habilidades y potencial, unido a halagos de sus figuras superlativas como lo son Magic y Bird, se podía pensar que el límite de Richardson era el cielo...o donde el mismo quisiera. Y fue así. Con tres All-Star Game consecutivos a sus espaldas, el baloncesto dejó de ser una prioridad y comenzaron los constantes problemas con las drogas.

En diciembre de 1983, ya como jugador de New Jersey Nets tras abandonar los Knicks y después de una breve odisea con los Warriors, el base había pasado por hasta tres centros de desintoxicación para poner fin a una adicción que amenzaba con destruir su carrera. Tras estar apartado del equipo unos meses, Richardson regresó a la disciplina de unos Nets que sorprendieron en primera ronda de Playoffs (3-2) a los Sixers, vigentes campeones de la NBA.

Todo parecía recobrar sentido en la mente y carrera de Micheal. Había superado una batalla que muchos ni siquiera son capaces de comenzar y él mismo no dudó en afirmar que nunca más volvería a caer en ese mundo. Hasta llegó a participar en un vídeo promocional de la NBA en contra de las drogas.

En la temporada 1984-85 volvió a ser el "Sugar" Ray de siempre, siendo elegido nuevamente para el All-Star y liderando, por tercera vez en su carrera, la clasificación de robos (3.0). Además, sus 20.2 puntos por encuentro fueron el máximo registro anotador de su carrera.

Sin embargo, el desastre recobraría forma unos meses después. Tras una fiesta en diciembre de 1985 donde estuvo varios días sin dar señales de vida, Richardson realizó una llamada a su agente pidiendo ayuda tras admitir su enésimo error. Había vuelto a recaer.

Aquella fue la última campaña del jugador en la NBA. Sumido en las drogas, con problemas económicos y bajo investigación por acoso a su ex mujer, Richardson se dirigía irremediablemente hacia el abismo. Había sido expulsado de la liga, pero no se rindió e hizo las maletas rumbo a Europa, donde optó por reconstruir su vida.

Su periplo al otro lado del charco le llevó a jugar en Italia, Yugoslavia, Israel y Francia, un total de 14 años en los que logró una Recopa con el Virtus Bolonia y una liga francesa con el Olympique Altives, mientras miles de aficionados se unían a la "Sugarmanía", con tantos millares de camisetas vendidas en todo el Viejo Continente.

La vida de Richardson cambió de sobremanera en Europa, a donde llegó casi en la ruina y con la retirada a un paso. Una retirada que, finalmente, no llegó hasta 2002, a los 46 años de edad y tras 24 años en la élite del baloncesto mundial.

En 2003 regresó a la NBA como embajador para la comunidad en Denver, donde ha sido tomado como ejemplo para las nuevas generaciones en la lucha y superación de la adicción a las drogas. Incluso ha probado suerte como entrenador en Canadá, donde logró dos campeonatos (2012 y 2013) y dos premios el Entrenador del Año (2012 y 2013) como técnico de los London Lightning de la NBL.

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