C. B. Valladolid, la última chapuza de la ACB

La ya larga nómina de torpezas y chapuzas de la ACB puede incrementarse en breve por su gestión del caso del C.B. Valladolid, o, mejor dicho, por su falta de gestión porque en esta ocasión el problema no se ha generado por una decisión inadecuada o errónea sino por algo peor, la elusión de sus responsabilidades a través de la inacción, por dejadez. La más probable consecuencia es que el año próximo tendremos una liga con 17 equipos, como ya sucediera en la 2008-2009. Como decíamos no es la primera vez que la incapacidad de la cúpula directiva de la ACB degenera en una situación bochornosa para la competición pero, en algún momento, debería caer la gota que colme el vaso.

La agónica situación económica del club baloncesto Valladolid era conocida desde hace meses. Durante la temporada varios de sus jugadores de origen norteamericano, desprotegidos por el convenio, evidenciaron los impagos. Alex Renfroe abandonó la entidad mediada la campaña para incorporarse a Brose Basket perdonando las cantidades que se le adeudaban, Pat Ewing Jr también se marchó después de más de dos meses sin cobrar. El más beligerante de todos fue Othello Hunter, quien primero se declaró en huelga y luego dejó el equipo.

Pese a los constantes impagos nada impidió al club pucelano seguir fichando. Las salidas de Alex Renfroe y Pat Ewing Jr. se compensaron con las incorporaciones de Antonio Porta y Ryan Humphrey. También llegaron a mitad de campaña Edgar Sosa o Román Montánez. Y tampoco nadie alzó la voz cuando Valladolid apuntó en el derecho de tanteo a algunos de los jugadores a quienes se adeudaban importantes cantidades. Pero esto sería motivo para otro artículo.

Si a lo largo de la temporada las señales eran claras, en los meses siguientes se volvieron inequívocas. La primera llegó a finales de junio cuando Roberto González, el entrenador del equipo, abandonó el baloncesto para volver a la enseñanza. En aquel momento declaró: “No tengo más tiempo. No puedo esperar tres semanas más a ver qué pasa con el proyecto”. Luego se hizo patente que en el club había dudas sobre su viabilidad por la ausencia de fichajes. A día de hoy solo ellos y Fiact Joventut no han contratado a ningún jugador pero, mientras los de Badalona han incorporado a jóvenes de su prolífica cantera y cerrado alguna renovación para alcanzar 6 fichas los pucelanos solo tienen un jugador con contrato para el año próximo, Antonio Izquierdo.

Esta última semana los acontecimientos se han precipitado. El miércoles la web valladolid.es anunciaba que el club concedía la carta de libertad a David Navarro, el único jugador sujeto al derecho de tanteo que aún no había fichado por ningún equipo, para que pudiese negociar con cualquier otro club de cara a la próxima temporada. Este viernes era Mike Hansen ex-jugador y hasta entonces presidente de la entidad quien presentaba la dimisión. Hansen solo llevaba dos meses en el cargo y sus funciones se ejercerán desde la Fundación CB Valladolid. En rueda de prensa responsables de esta Fundación han afirmado estar buscando soluciones, pero lo cierto es que tienen hasta septiembre para buscar alrededor de un millón de euros para intentar hacer un equipo. Ignacio Zarandona concejal del ayuntamiento de Valladolid fue el más directo al afimar que “Si podemos sacar el club adelante seguiremos, pero de lo contrario no vamos a continuar aumentando el agujero”. Unas declaraciones que a 23 de agosto sonaban a despedida de un club histórico de nuestro baloncesto.

¿Y qué tiene que ver la ACB en todo esto? Es evidente que la Asociación de Clubes de Baloncesto no es responsable de la situación económica del CB Valladolid, pero sí lo es de velar por la competición. Durante la temporada se podía alegar que determinadas actuaciones hubieran podido pervertir el normal desarrollo de la misma pero, una vez se jugó el último partido de liga regular lo normal hubiera sido revisar la situación del club y actuar en consecuencia. Si la ACB hubiera procedido en este sentido en esas fechas habría encontrado una entidad que, recién salida de un concurso de acreedores, volvía a estar endeudada, según Javier Baró, adjunto a la dirección del club, dicha deuda asciende a 7 millones de euros, cuyos empleados acumulaban retrasos en el cobro de varios meses, sin un patrocinador que pudiese ayudar en el presupuesto y con necesidad de fichar varios jugadores de cara al siguiente año. Una situación prácticamente insostenible.

En aquel momento también se sabía que iba a ser muy difícil que Ford Burgos y Lucentum Alicante, los dos clubes que ganaron las plazas de ascenso desde Leb Oro, reuniesen las cantidades necesarias para acceder a la ACB, nada menos que unos 5 millones de euros entre el canon y el fondo de ascensos y descensos. Sin embargo, los catellano-leoneses si presentaban un proyecto sólido, con un patrocinador importante y con posibilidades de hacer un papel digno en la máxima categoría si hubieran podido reducir las cantidades destinadas solo al ascenso.

Con todas estas circunstancias lo que debería haber hecho la directiva de la ACB era mediar entre Valladolid y Burgos para que los primeros vendiesen su plaza a los segundos como una vía para obtener liquidez con la que afrontar parte de sus deudas. Es el mismo proceso que permitió el ascenso de CB Canarias adquiriendo la plaza de Lucentum Alicante en año pasado. El club pucelano habría podido refundarse en Leb Oro o Plata, tal y como se han visto obligados a hacer otras entidades en similar situación, y la ACB se habría asegurado 18 equipos para la temporada que viene.

Pero para la ACB fue más cómodo aceptar lo que se aseguraba desde Valladolid, que se encontraría un patrocinador y que el ayuntamiento, a través de la Fundación daría con fórmulas que permitiesen la viabilidad de la entidad. Lo mismo que se está diciendo ahora, a finales de agosto. La diferencia es que Ford Burgos ya se ha inscrito en Leb Oro y su presupuesto y fichajes son acordes con esa categoría. Sin un sustituto, si Valladolid no sale en la próxima ACB tendremos otra temporada como la 2008-2009 con 17 equipos, en aquel entonces por la desaparición del Akasvayu Girona, y cada jornada descansará uno de ellos, la enésima chapuza de la ACB.

Una ACB que no ha sabido vender los derechos televisivos de la liga y los ha acabado regalando, que lleva dos años sin descensos por culpa del abusivo canon que impone a quienes se ganan la plaza en Leb Oro, que mantiene una guerra fría con entidades tan importantes como la FEB o la Euroliga causando graves perjuicios con su actitud a jugadores y clubes, que quedó en evidencia con el caso Obradoiro, que mantiene a directivos con altos salarios mientras los clubes desaparecen por problemas presupuestarios y que no genera apenas ingresos para repartir entre las entidades. En definitiva, una institución anquilosada, obsoleta, incompetente y a la vez pretenciosa que agrava la difícil situación del baloncesto en España.

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