El uso indebido de las renovaciones por contratos máximos

Las renovaciones de John Wall o Paul George, ejemplo del riesgo que toman las franquicias.

¿De que sirven los contratos por el máximo salarial en la NBA? Esta es una buena pregunta difícil de responder, sobretodo después de vivir un tedioso lockout en 2011. Las negociaciones del convenio colectivo en la NBA son una lucha de los dueños de las franquicias para obtener alguna ventaja en la negociación de contratos respecto a los jugadores. Por eso, entre otros cambios, los propietarios forzaron el cambio de duración máxima de un contrato de 6 a 5 años. El problema vuelve a sobrevolar ahora el entorno de la liga tras los rumores que dan a DeMarcus Cousins y Paul George dos contratos por el máximo, en un esfuerzo de compromiso de las franquicias que les puede acabar saliendo muy caro. También han cometido la misma imprudencia los Wizards con John Wall. Vamos con los motivos que explican estas decisiones.

Paul George renueva con los Pacers

Foto: @PacersDNB

Un jugador siempre querrá renovar su contrato en un momento temprano de su carrera. Se trata de encontrar una mejora sustancial en la cantidad percibida por sus servicios a una franquicia y asegurar tal mejora cuanto más tiempo mejor. La seguridad que les aporta respecto a evitar el riesgo de quedarse sin paga tras una lesión grave o un bajón severo en su rendimiento.

En cambio, un equipo siempre querrá evitar ese riesgo, el de ligarse a un jugador joven que pueda acabar siendo una burbuja que explota tras los primeros años ya sea por lesiones o por su incapacidad de adaptarse a las exigencias de la élite baloncestística. A pesar de ello, el incentivo real de los equipos está en aprovechar el momento de inseguridad del jugador para firmarle por un periodo largo sin ofrecer un contrato estratosférico.

Sumando las preferencias de ambas partes, el desenlace más habitual debería ser el de que ambos interesados obtienen unos resultados mejores pero jamás óptimos. Pongamos de ejemplo la extensión de Steph Curry por 44 millones de dólares en 4 años la pasada temporada. El jugador, después de verse afectado por varias lesiones en el tobillo, quería la estabilidad de tener su carrera asegurada. El equipo, a sabiendas de la calidad indiscutible de su base, decidió asegurarse sus servicios por un tiempo razonable sin tener que abonar el máximo que permite el nuevo convenio, los cinco años por 80 millones de dólares. La decisión de Golden State tiene unos riesgos, igual que Steph Curry perdió la posibilidad de buscar el máximo este año. A cambio ganaron todos en estabilidad, proyecto de futuro y capacidad de incorporar a jugadores a largo plazo.

Ejemplos que muestran lo contrario son extensiones que se han producido o se están concretando durante este verano. Washington se ha comprometido cinco años con John Wall, un gran jugador que sin embargo no es un fuera de clase aún. A sus 22 años es la apuesta de unos Wizards que con él han mejorado pero en conjunto han seguido decepcionando temporada tras temporada al no acercarse a las posiciones de playoffs en ningún curso. Si bien ha demostrado un talento inabarcable y se ha situado entre los mejores bases, el año pasado tuvo que volver de una lesión de rodilla. Es de nuevo la prueba del riesgo que corren las franquicias con este tipo de contratos.

Claro está, la apuesta puede funcionar y en cinco años John Wall será el mejor base de la liga, pero eso solo lo puede decidir el futuro y la salud durante estos años. Al contrario, si algo se tuerce o Washington no consigue mejorar su rendimiento en equipo en los próximos años, por asuntos de espacio salarial será difícil mejorar la plantilla sin arriesgar acercarse o superar el aterrador límite salarial, que penaliza cada vez más a las franquicias y en especial a aquellas que no se pueden permitir gastar un dólar más de lo que requieren para funcionar. En la temporada 2017-18, Wall percibirá 17 millones de dólares. Solo 18 jugadores de la actual liga están mejor pagados.

Vamos con otro caso que está siendo muy discutido en el presente. Se trata del genial Paul George. Los Pacers confirmaron el miércoles su renovación. A razón de 90 millones de dólares, el alero podría llegar a convertirse en el duodécimo jugador más pagado de la liga cobrando más de 18 millones por temporada. De nuevo, es un tremendo jugador pero aún le queda llegar al siguiente nivel, el de los auténticos fuera de serie. Se trata de una apuesta de riesgo, y parece que está de moda en la liga. No se trata de poner en duda la calidad y el potencial del jugador, sino lo que significa para los equipos en el futuro. George hizo una temporada tremenda, pero de momento solo ha sido una.

Ahora mismo, Danny Granger percibe 14 millones de dólares en su último año de contrato, y viendo la progresión el próximo año según el nuevo contrato de George, parece evidente que será su último año de Pacer, ya que la franquicia tendrá entre 6 y 9 millones y la necesidad de incorporar a 4 jugadores la próxima temporada. Lance Stephenson, vital en los esquemas de Vogel deberá renovar y ahora mismo cobra tan solo 900.000 dólares de su contrato de rookie. Su contrato podría ser ampliado, según las normas de la liga, por tan solo 4,1 millones en cuatro años, lo cual representaría un regalo para Indiana, pero la evolución del jugador de bien seguro que le permitirá obtener una cantidad mucho más justa yendo al mercado de agentes libres. Para quedárselo, los Pacers deberán hacer un esfuerzo económico importante.

Está claro que se trata de malabarismos económicos. La razón por que los dueños se tiran a la piscina es por motivos de inevitabilidad. Parece que les da igual hacerlo un año antes a sabiendas de que lo harán el próximo ante la finalización del contrato. Por ejemplo, los Clippers renovaron a Griffin, tal vez para evitar que Chris Paul optara con no seguir en el equipo si no tenía la seguridad de que su compañero seguiría junto a él. Lo que poca gente entiende es que el equipo tenía ese mismo verano la opción de igualar cualquier oferta que recibiera Griffin, por lo cual podrían haber continuado junto a él sin la necesidad de forzar una renovación adelantada.

¿Qué situaciones se podrían evitar? Pues entre las más destacadas algunas como las del monstruoso contrato de Kobe Bryant, que pase lo que pase con su recuperación, cobrará 30 millones de los Lakers. Otro caso sonado, el de Amar’e Stoudemire, que percibirá 45 millones en dos años siendo un secundario en los actuales Knicks. Quizá el ejemplo más claro es el de Joe Johnson, que jamás ha cumplido con las enormes expectativas de su monstruoso contrato, lo que obligó a los Hawks a desprenderse de él a toda costa y que ahora significará que los Nets abonen casi 70 millones en tres temporadas por sus servicios cuando hace años que no rinde como lo hizo en su mejor temporada, la 2009-10. Claro, justo estamos hablando de equipos que suele pagar los impuestos de lujo sin remordimientos, pero la liga cada vez sube el precio a esa “comodidad”. Los dueños no están siendo tan listos como deberían, y todo esto podría llevar a otro lockout, ya que el derroche parece de nuevo asegurado en el nuevo convenio ratificado hace un par de años.

Según los rumores, los siguientes en tirar por la borda las ventajas del contrato de rookie serán los Kings. Firmar a DeMarcus Cousins, un tipo que ha liderado el listado de jugadores con más técnicas la pasada temporada y que quedó segundo y quinto en las anteriores. Un tipo que ha sido dos veces suspendido por su equipo y por la liga y que ha sido expulsado un total de siete veces en sus tres años como profesional. Él podría recibir la próxima extensión de cinco años a razón de 80 millones de dólares. No me dirán que no suena a auténtica locura.

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