Otro baloncesto es posible...y recomendable

Un modelo de baloncesto sostenible es prioritario 

El baloncesto nació porque a James Naismith le encargaron una actividad deportiva que poder realizar bajo techo ya que en Massachussets los inviernos eran muy fríos. Hago esta mención a los orígenes del baloncesto, porque los distintos gremios que componen el deporte de la canasta, lo han llevado a aquellos tiempos cuando no se tenía más en que entretenerse en tiempo de nieves.

FOTO: nba.com

Desde entonces, el baloncesto ha ido evolucionando a diferentes ritmos, en diferentes épocas, hasta llegar al estancamiento y despiporre en que hoy se encuentra. No me gustan muchas cosas de las que rodean al deporte de la canasta y creo que tanto las bajas audiencias televisivas, siempre y cuando no las comparen con las de las echadoras y adivinadoras de la madrugada, como la pobre asistencia a los partidos del Europeo de Eslovenia avalan mis palabras.

El baloncesto se ha convertido en un deporte sin imaginación en donde el correr, sin importar ni cuando ni como, al estilo Pancho Villa, divierte y enamora. No importa si se falla o si le regalas segundos al oponente para poder remontar, porque lo importante es llegar a cien aunque el otro te meta 98.

Lo peor es que un deporte que es pura magia, se tiende a copiar y se dejan de utilizar recursos hasta que un valiente lo ponga de moda porque en varios partidos le ha salido bien. Sin olvidar que desde hace años el baloncesto está al servicio de los distintos grupos que intervienen en su práctica. El reglamento se ajusta a los árbitros para que el trabajo les resulte más fácil, a muchos jugadores se les da un baloncesto más rápido para que disimulen sus carencias, a los entrenadores se les da laboratorio libre, a los directivos de clubes y federaciones se les da un juguete para que mitiguen sus frustraciones y al público se les hipnotiza para que no se enteren de que les están dando gato por liebre. Al final el baloncesto pierde y todo se encamina a una liga europea donde estarán los más poderosos.

Como resultado tenemos un baloncesto en el que el poder adquisitivo de los clubes baja y por lo tanto la calidad de los jugadores, en el que el correr caótico es bello y muchas reglas que lo lastran, en el que la cantidad de canastas sustituye a la riqueza táctica, en el que el Presidente de la FEB, que por un lado lo ha conseguido por las selecciones menores y por el otro está como loco por dar otra plaza a un jugador no nacido en España.

Calendarios hechos con el culo que provocan que algunos equipos jueguen dos partidos en tres días. La prensa hablada y escrita que da un trato vejatorio al baloncesto y un sindicato de jugadores que en lugar de llamarse ABP debería llamarse ABE ya que trata diferente a los jugadores nacionales y extranjeros. Seguro que se me escapan cosas pero ya me estaba poniendo de mala leche. En resumen un panorama que deja al camarote de los hermanos Marx en un ejemplo de orden.

A mí me gustaría tener un baloncesto donde el amor al deporte estuviera por encima del que se tiene a los clubes, un baloncesto en donde las canteras no dependieran de los clubes, un baloncesto donde ser joven signifique tener una oportunidad de futuro, un baloncesto donde las leyes protejan al que actúa conforme a la ley, en lugar de sancionar al que la infringe y no un dejo el baloncesto, y un baloncesto donde nadie tuviera miedo a crear porque se premia al cómodo.



En resumen un baloncesto valiente, sin adulterar e igualatorio para todos, donde no se tuviera miedo a asumir lo que conlleva ser el segundo baloncesto del mundo, detrás del americano, porque la camarilla federativa diga otra cosa. Estos y otros cambios necesarios, harían un baloncesto de todos y para todos.

Escrito por: Fran López Bleda. Sígueme en KIco47.

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