Otro Clásico con sabor a duelo histórico

Cuarta final en cinco años entre los dos equipos, ambos con 23 títulos en total, en una cancha amuleto para el Barça.

No es exagerar si decimos que esta puede ser una de las mejores finales de Copa jamás jugadas. O al menos de los últimos 20 ó 30 años. Real Madrid y Barcelona, o lo que se viene llamando 'El Clásico', paralizarán el mundo baloncestístico a las 18:00 horas para dirimir quién es el Rey de Copas, ambos con 23 títulos en sus vitrinas.

Llega como favorito el Real Madrid, como no puede ser menos. 18 victorias consecutivas en Liga Endesa y que ya venciera al Barça en los dos duelos de este año, Supercopa y temporada regular. Pero cuando se trata de finales el contador se pone a cero. Sólo empezará el partido con el contador ya en marcha el quinteto blanco, siempre acelerado y rápido, desencajando cualquier atisbo de orden en su rival. En eso debe confiar mucho en sus bases, sobre todo en Sergio Rodríguez, a día de hoy el hombre más desequilibrante que podamos ver en un cancha española (con su permiso, Juan Carlos).

El Barcelona buscará agarrarse a la fe de una cancha fetiche como es el Carpena. Aquí se coronó un imberbe Pau Gasol y tocó el cielo Jordi Trías, hoy haciéndolo en la Adecco Oro. Llega con inercia ganadora copera, su competición estrella (diez títulos en 30 años) en la que se ha impuesto en tres de las últimas cuatro ediciones. Es la final número 15 para Xavi Pascual contando todas las competiciones nacionales e internacionales. Las de Navarro perdemos la cuenta.

Llega el Barcelona mucho mejor que como recibió al Real Madrid en Navidades. Navarro está fino y tiene hambre, Marcelinho parece tener la confianza absoluta de su entrenador y Papanikolau empieza a encontrar su punto y su jerarquía en este equipo. Y domina el Barça por dentro, donde más daño se le puede hacer al Madrid. Lo hizo el CSKA y le ganó. Y Tomic, como el año pasado, puede crecerse. Para ello estarán los Felipe, Slaughter, Boroussis y toda la legión de incondicionales del dogma de Pablo Laso. Cerrar rebote y correr, balón a la mano de Llull o el Chacho y esperar que la tormenta explote. Y Rudy, en su mejor momento como madridista, dando de todo como si no pasara por ahí.

Que a nadie le extrañe que hoy disfrutemos de esos partidos que hace 20 años hubiéramos guardado en un VHS. Lo más importante es que nadie nos quite la ilusión de soñar con una fiesta del baloncesto en España. La Copa. No hay competición mejor.

Comentarios recientes