La emocionante historia de Scott Bamforth

El escolta del conjunto hispalense tuvo que superar la muerte de sus padres a los 15 años y estuvo a punto de perder a su hijo.

“Es un milagro, un milagro. El chico pasó por tantas adversidades y acabó siendo marido, padre y jugador”. Así define la vida de Scott Bamforth su entrenador del instituto, Gerome Espinoza. El ahora jugador del Cajasol de Sevilla abre su corazón y cuenta su historia a Dani Barranquero (ACB) en una entrevista íntima y personal. De cuidar a sus padres a hacerlo con su hijo en menos de 7 años. Una historia de superación que se mantuvo viva gracias al baloncesto, que fue su vía de escape en todo momento para relajarse y desconectar de todas las desgracias que caían sobre él.

Scott Bamforth nació en Albuquerque hace 25 años. De madre mexicana (de ahí su afición a la comida azteca) y padre norteamericano, solo vio vivir a su progenitor durante 13 años de su aún corta vida. Deportista como él, John Bamforth falleció repentinamente, pero recuerda siempre todo lo bueno que pasaron juntos jugando a softball y a baloncesto. Nunca permitía que nadie le ganara y eso le hizo aprender al pequeño Scott para poder acabar llegando a lo más alto. El fallecimiento de su padre acabó con su madre Elizabeth sumida en el alcohol. El pequeño Scott, con menos de 15 años, tuvo que aprender a conducir de manera ilegal para poder llevar a su madre a casa de su abuela. Su progenitora también faltó cuando él tenía tan solo una quincena de años, y eso incluso le hizo pensar en dejar este mundo: “He pensado que nada importa porque no tengo nada por lo que vivir. Se me pasó por la cabeza hacer algo, aunque siempre encontré a alguien que me comentó motivos por las que seguir”, llegó a comentar con 16 años en un periódico local.

Desde que murieron sus padres, él tuvo que hacerse cargo de toda la casa y de los gastos. Llevaba las cuentas y alquilaba habitaciones para poder seguir viviendo en lo que había sido su domicilio. Llevaba una hipoteca a cuestas y los gastos de tener que pagar un coche. Y los pagaba gracias a las ayudas de la Seguridad Social norteamericana y a que limpiaba para poder ganarse unos dólares.

Bamforth se refugió en el baloncesto para evadirse de la dura y cruda realidad que le asolaba. Le llegaron a echar de un entrenamiento porque se presentaba por las noches para entrenar porque no podía conciliar el sueño. El jugador norteamericano se paseó por la NCAA hasta que llegó a Weber State gracias a su tiro y dedicación. Con una beca para estudiar humanidades, era junto a Damian Lillard una de las estrellas de los Wildcats. Le costó explotar, pero cuando llegó su momento fue capaz de darlo todo. Ganó partidos sobre la bocina desde el medio de campo, anotó 10 triples de forma consecutiva y superó el record desde la larga distancia del que fuera rookie del año en la NBA y All Star el pasado Febrero.

Destaca a Bryan Joyce como su principal mentor y el que le hizo explotar hasta tener el 4º mejor porcentaje de acierto en el tiro de la nación: “Bryan Joyce se convirtió en mi mentor. Él era buen amigo del entrenador de mi instituto y me enseñó muchas cosas. Es una gran persona, hizo bastantes cosas por mí y mi familia. Me enseñó mucho de la vida”. Perdió un año de su periplo universitario por una lesión en el hombro, pero ese parón le hizo coger carrerilla para saltar más alto y llegar más lejos.

Se casó con su actual pareja Kendra, que fue jugadora de voleibol, porque se quedó embarazada. Pero precisamente el embarazo y el nacimiento de su hijo estuvo a punto de convertirse en una pesadilla para él porque hubo problemas en el embarazo que estuvieron a punto de acabar con su vida y con la de su mujer. Sin embargo, todo salió hacia delante por suerte y eso devolvió la felicidad que la vida estuvo a punto de quitarle de nuevo. “En toda esa semana casi ni dormí. Era del entrenamiento al hospital una y otra vez. Iba a verle porque tenía miedo de que dejara de respirar, parecía muy enfermito. En el global de esos 7 días, dormí unas 10 horas. Y me tocó jugar varios partidos. Lo hice sin presión, con mi hijo así lo que menos importaba era la cancha. Simplemente jugué al baloncesto y me fue muy bien. Un momento bonito pero a la vez muy difícil para mí”.

Cuando Lillard concluyó el periplo universitario, él se quedó como principal exponente y capitán de Weber State. El record de 30-7 y sus guarismos le hicieron entrar entre los 50 mejores de la historia de una universidad que sigue creciendo a nivel baloncestístico a pasos agigantados. Pese a la llamada de los Jazz para un campus previo al draft, su momento en la NBA aún podía esperar. “Resultó un poco decepcionante el draft. Quería seguir los pasos de Lillard, aunque él es muy talentoso. Yo también tengo calidad pero soy un escolta muy bajito para jugar allí. Sabía que debía ir a Europa, mejorar bastante y, quien sabe si en el futuro, poder llegar a la NBA”. El sueño continuaría al otro lado del charco, en Sevilla.

Se ha convertido en uno de los líderes del vestuario del Cajasol pese a su corta edad, ya que el resto de sus compañeros son, si cabe, más jóvenes que él. Todos quieren aprender de Bamforth, que se ha curtido con los mejores jugadores del mundo en sus temporadas en la NCAA. Ahora parece que nada puede ir mejor para Bamforth. Su equipo se encuentra con posibilidades de entrar en playoffs pese a la juventud de sus compañeros, va a tener de nuevo un hijo y está encantando con Sevilla. Por fin ha encontrado su sitio.

Comentarios recientes