Previa Final Four: Connecticut, año dos después de Calhoun

Los Huskies han alcanzado la Final Four en la primera temporada tras su sanción.

La Universidad de Connecticut, con sede en la localidad de Storrs, ha tenido a lo largo de su historia dos figuras fundamentales en el terreno del baloncesto. Por un lado Hugh Greer, el precursor; por otro Jim Calhoun, el hombre que terminó de colocar el nombre de este centro en la élite del baloncesto universitario. Hoy día, tras la salida de éste último, la reconstrucción no ha podido ser mejor ni más acelerada.


Los Huskies UConn fueron una potencia de la ya desaparecida Yankee Conference en los años 50. Antes de aquello, cuando el baloncesto universitario no estaba organizado, alternaban temporadas desastrosas con otras más aceptables. La realidad es que Connecticut nunca fue un centro especialmente victorioso en el mundo de la canasta hasta la llegada de la primera gran figura en su historia. Hugh Greer fue jugador del equipo de baloncesto de la universidad y se proclamó campeón en 1926 de la New England Conference, un título menor, pero que hacía justicia a una temporada de 11 victorias y sólo 3 derrotas. Su entrenador y maestro fue Sumner Dole, quien le inculcó el gusanillo de dirigir. Pasó como asistente por la estructura de los Huskies y en 1947 accedió al cargo de entrenador jefe.

Durante los años en que Greer fue entrenador de Connecticut el equipo visitó en siete ocasiones el Torneo Final, en parte al dominio que ejerció en la década de los 50 en la Yankee Conference. Sólo en una de esas temporadas, en 1956, lograron vencer al menos un partido, avanzando hasta la Semifinal Regional (entonces segunda ronda) donde cayeron ante Temple. Pero con Greer el equipo se había conseguido localizar en la élite de su Conferencia y con ello, los mayores hitos deportivos. La desgracia llegó un 14 de enero de 1963. Greer, de 60, fallecía víctima de un ataque al corazón en su casa de Storrs. Le sustituiría su asistente George Wigton, que logró recomponer a la plantilla del duro golpe.

Con la muerte de Greer llegaron algunos años de gloria, pero otros muchos de vacío. Jugaron una Final Regional en 1964 donde fueron humillados por Duke. No fue hasta 1986 cuando el programa da un giro radical. El equipo no gozaba de demasiado talento, más bien poco. Destacaba Cliff Robinson, entonces jugador de primer año, y en torno a él Calhoun fabricaría un equipo que se colaría en la final regional en 1990, ya sin Robinson. A partir de entonces Connecticut no faltaría nunca al Madness dos años consecutivos. Reclutaba jugadores de gran talento (Scott Burrell, Donnyel Marshall, Ray Allen), pero se le resistía la Final Four, donde siempre se quedaba a las puertas. Una puerta que los Huskies derrivaron de una patada en Marzo del 99 para hacerlo a lo grande.

TRECE AÑOS, TRES TÍTULOS

Tras caer el año anterior en la Final Regional, Calhoun tenía la mejor plantilla de su historia, lidereda por Richard Hamilton y Khalid El-Amin, un dúo exterior anotador y competitivo, acompañados por un juego interior con el duro Jake Voskhul y Kevon Freeman. Fueron deshaciéndose de sus rivales hasta la Final Four, donde harían lo mismo con Ohio State. En la final les esperaba Duke, una bestia negra, de la que tomaron debida venganza con un Richard Hamilton imperial con 27 puntos. Connecticut levantaba el primer título de su historia.

Aquel hito desembocó en un proceso de reconstrucción tras la salida de Hamilton. Un ciclo lógico de cinco años en los que se termina de pulir un equipo campeón. Calhoun unía una pareja exterior-interior letal. Ben Gordon aportaba la amenaza exterior, un jugador explosivo, un anotador compulsivo. Por dentro dominaba Emeka Okafor, una potencia física, un portento defensivo que en ataque cerca del aro resultaba letal. Y buenos acompañantes en Rashad Anderson o Charlie Villanueva. De nuevo Final Four y de nuevo Duke, aunque esta vez en semifinales, a la que eliminaron La Final ante Georgia Tech fue un mero trámite. Era su segundo título nacional.

Mientras tanto Calhoun seguía sumando victorias y definitivamente había instalado al programa entre los más prestigiosos del país. Pero aún debía dar un nuevo golpe de efecto. Siete años después, otro jugador memorable, Kemba Walker, lideraba a los Huskies a un final de temporada trepidante, imponiéndose contra pronóstico en el Torneo de la Big East y colándose en la Final Four después de ganar in extremis a Arizona. Los 18 puntos de Kemba Walker en la semifinal ante Kentucky dieron el pase a su tercera final, que acabarían ganando ante la otra sorpresa, Butler, en una de las finales más aburridas de la historia. En 2012 se hallaron irregularidades en el reclutamiento de jugadores por parte de Calhoun, que dimitió de su puesto al final la temporada con tres títulos de la NCAA a su espalda, sólo por detrás del inalcanzable John Wooden (10) y de Adolph Rupp y Mike Krzyzewski (4).

La temporada siguiente el equipo fue sancionado con no poder disputar el Torneo Final y no poder reclutar jugadores. Pese a ello, su nuevo entrenador, Kevin Ollie (alumno de Calhoun a finales de los 90), ha logrado meter al equipo en la Final Four contra todo pronóstico. Calhoun llamó a Hugh Greer "el padre baloncestístico de Connecticut", un nombre que preside la cancha que cada noche pisan los jugadores. A Calhoun, el hombre que logró hacer de Connecticut la potencia que es hoy día, sólo los escándalos de irregularidades le han apartado del reconocimiento que su figura merece.

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