Allen Iverson, qué fue de su vida después de la gloria en los Sixers

Analizamos el recorrido baloncestístico de un jugador memorable cuya falta de consistencia y problemas de comportamiento le costó caro. ¿Qué hace ahora?

Allen Iverson, de la gloria al infierno en baloncesto. Foto: gettyimages
Allen Iverson, de la gloria al infierno en baloncesto. Foto: gettyimages

El concepto de icono y de figura revolucionaria que trasciende al deporte que practica, adquiere un especial significado con Allen Iverson. El mítico jugador que aportara aire fresco a la NBA de principios de siglo XXI supuso un punto de inflexión en la mejor liga del mundo y una rebelión ante los estándares de la época y los intentos del comisionado por presentar a estrellas modélicas, ofrecer un relato optimista de Estados Unidos y volcar ese manido concepto del sueño americano en el baloncesto. Iverson era un tipo problemático, un hombre surgido de las catacumbas de la sociedad que se rebelaba ante lo establecido y que vivió a su manera.

Con la misma manera de entender la vida que el baloncesto, el nacido en Hampton (Virgnia) allá por 1975, vivió una infancia sacudida por las peleas callejeras, el peligro constante latiendo en barrios humildes y problemáticos, donde la ley del más fuerte era lo único que hacía sobrevivir. Encontró una vía de escape en el deporte y se destapó con un talento innato difícilmente asumible en el baloncesto. Eso le valió para alejarse de los problemas más graves que podían surgir en la adolescencia en un entorno como en el que se desarrollaba, jugando para su instituto y cosechando una beca para la Universidad de Georgetown, que solo aceptó ante las súplicas de una madre que temía lo peor y que quería ofrecer un futuro lejos del infierno en que había conseguido crecer sin grandes heridas.

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Iverson siempre fue un espíritu indomable. Entendía el baloncesto como un arte, como una expresión de su rencor ante los poderosos y una manera de representar la vida callejera en el glamour de la NBA. Aterrizó en 1996 en Philadelfia 76ers, y encontró una franquicia y una ciudad consciente de lo que tenían entre manos. Un diamante imposible de pulir si no se quería romper y del que debían aceptar sus brillos y sombras. Rookie del año en 1997, 11 veces All Star (entre 2000 y 2010 ininterrumpidamente, 1 MVP en 2001 y una final de Conferencia Oeste en la que los Lakers privaron al mejor Iverson de la posibilidad de luchar por el anillo.

Migró a Denver Nuggets al ver cómo el proyecto de Philadelfia se desemembraba, en parte por sus continuos problemas extradeportivos. Consumo de marihuana, posesión de armas, peleas, asiduo cliente en bares de streaptease y esa larga nómina que caracteriza a los badboys de la NBA, Allen fue perdiendo fuelle aunque su talento se mantuviera incólume. Jugó una temporada en Detroit Pistons antes de volver a su casa para una triste despedida, en la que las lesiones no le dejaron disfrutar.

Como era previsible, los problemas económicos se hicieron palpables en cuanto empezó a bajar su rendimiento deportivo y repercusión mediática. Eso le llevó a aceptar una oferta del Besiktas turco, donde jugó dos meses muy alejado del nivel esperado. Una grave lesión muscular le hizo poner el punto y final a su carrera. ¿Qué paso luego? Cuesta pensar que un hombre tan protagonista lleve la vida discreta de la que parece hacer gala, pero da la sensación de que Iverson vio las orejas al lobo.

Declarado en bancarrota en dos ocasiones, después de ganar en torno a 140 millones de dólares durante toda su carrera con los que pagó un tratamiento de una hermana enferma y dio una vida de lujos a su familia, tuvo que vender sus casas para salir de esa grave situación, en 2013 y 2018, Allen vivió un proceso de divorcio con la madre de sus cinco hijos, Tawanna Turner, con quien llevaba saliendo desde los 16 años. Solo un mes después de completarse el proceso, volvieron a convivir juntos.

La gran incógnitas es cómo se gana la vida el mítico jugador de la NBA. Sus escaramuzas en el rap han podido ofrecerle algunos ingresos, así como puntuales colaboraciones con entidades baloncestísticas de Virginia, donde mantiene contacto con jóvenes en riesgo de exclusión. Apreciado por todos sus compañeros, tal y como se pudo ver en el All Star 2020, el rebelde sin causa y genio incomprendido vive con sorprendente pulcritud después de una vida plagada de luces cegadoras en la cancha y sombras devastadoras fuera de ella. Genio y figura.

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