La eclosión del baloncesto australiano en el siglo XXI; de país comparsa a referente mundial

Analizamos cómo este país ha conseguido sacar grandes jugadores, ver cómo crece su Liga y optar a lo máximo con la selección.

Eclosión del baloncesto australiano en últimos años. Foto: gettyimages
Eclosión del baloncesto australiano en últimos años. Foto: gettyimages

Nunca es tarde para que un deporte se convierta en referente social en un gran país. Es lo que está sucediendo con el baloncesto en Australia, que en apenas dos decenios ha pasado de ser un deporte secundario en atención mediática y practicantes, a convertirse en símbolo de la identidad aussie y su pasión por la competición. El fútbol australiano, el críquet o el tenis predominaron claramente sobre el baloncesto, pero éste no ha hecho más que crecer y el surgimiento de estrellas con resonancia en la NBA, así como buenas inversiones por parte de instituciones estatales, han derivado en un auge de este deporte.

El pionero que abrió camino fue Andrew Gaze, jugador que en la década de los 90 pisó la NBA con dos equipos (Washington Bullets y San Antonio Spurs), elevó la competición doméstica a un nivel superior, la NBL, y se convirtió en un fenómeno de masas por su enorme carisma. Al albur de sus hazañas creció una generación de jugadores que ha asombrado al mundo desde hace mucho tiempo y cuyo compromiso con la selección ha sido notable. La medalla de bronce en Río de Janeiro 2016 y las meritorias semifinales en el pasado Mundobasket se quedan cortos para medir el impacto de los Patty Mills, Joe Ingles o Matthew Dellavedova, que llegaron a compartir espacio con David Andersen, uno de los primeros australianos en ser muy importante en el baloncesto europeo.

Prolíficos en pívots de buenas manos y capacidad defensiva enorme, Andrew Bogut y Aaron Baynes prolongaron el protagonismo aussie en una NBA que ha visto cómo siguen aterrizando jugadores procedentes de la isla meridional, como Jonah Bolden, Cameron Bairstow, Ryan Broekhoff o Isaac Humphries. Por si esto fuera poco, el hecho de que estrellas de la liga como Kyrie Irving y Ben Simmons nacieran en Australia y mantengan profundos lazos con este país, ha hecho que la NBA ponga sus miras en la NBL, una competición que puede erigirse en banco de pruebas para los jóvenes que quieran llegar a la NBA y donde hay mucho talento ofensivo.

Un ecosistema ideal en el que desarrollarse; compartiendo idioma, sin grandes exigencias en cuanto a presión mediática y con la oportunidad de no tener que exprimirse en defensa. Cada vez serán más los que busquen esta ruta, por mucho que la NBA haya encontrado su apuesta en el equipo de estrellas del futuro que competirá en la G-League, pero la presencia de LaMelo Ball esta temporada y la adquisición de un equipo australiano (Illawara Hawks) puede ser el impulso necesario para el baloncesto en este país, con margen de crecimiento todavía en cuanto a cantera y estructura logística de un equipo.

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El talento está ahí, como se demuestra en el continuo surgimiento de jugadores interesantes, entre los que cabe mencionar a Dante Exum, pero es necesaria una integración mayor a nivel institucional, campañas que incrementen el interés social por el deporte e inversiones para continuar reglando una fábrica inagotable de jugadores de baloncesto. Australia ha eclosionado en cuanto a rendimiento baloncestístico, pero aún tiene margen de crecimiento.

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