Zion Williamson y Brandon Ingram: la batuta de los New Orleans Pelicans

Los New Orleans Pelicans son uno de los equipos con un futuro más brillante en la NBA gracias a la presencia de sus dos diamantes en bruto.

Zion Williamson y Brandon Ingram
Zion Williamson y Brandon Ingram

No existe un acto de equilibrio más difícil en el mundo de los deportes que aquel apegado a la construcción de un futuro glorioso mientras, al mismo tiempo, se prioriza la consecución de resultados en el presente. Un exigente estado que está suponiendo una terrible y exigente lucha para los New Orleans Pelicans.

Muchos aficionados asumieron que el presente curso se reduciría al primer tramo de un extenso puente sumido en la niebla cuyo final no se vislumbraría hasta pasado una sustancial cantidad de tiempo. Pero una vez que Zion Williamson cumplió con el parte médico y tomó las riendas de la liga, los Pelicans se hallaron repentinamente en la lucha por los playoffs. La infinita paciencia dio paso a unas prisas repentinas por sumar victorias en un abrir y cerrar de ojos.

Rápidamente, el cuerpo técnico de Alvin Gentry olvidó la premisa de tomar las cosas con calma, dosificar los minutos del rookie o experimentar con nuevos sistemas. No había sitio para ningún tipo de cuestionamiento. Si eres lo suficientemente bueno como para ganar ahora, ¿por qué posponer la entrada al sendero del triunfo si él mismo te ha absorbido con su propia inercia competitiva?

Así, las quejas no se hicieron esperar. Los 15 minutos del partido inaugural ante Utah Jazz y los 14 disputados dos días después contra Los Angeles Clippers se tornaron inadmisibles. Más todavía cuando ambos compromisos se saldaron con derrotas y las aspiraciones de playoffs se esfumaban con ellas. Era el momento de hacer ajustes y modificar el plan inicial.

El incremento del tiempo en pista de Williamson coincidió con su mejor partido desde que la temporada se reanudara el pasado 30 de julio. El resultado: 23 puntos, 7 rebotes, 5 asistencias y una importantísima victoria ante Memphis, equipo que marca el límite de la post-temporada.

Este triunfo mantiene vivas las esperanzas de los New Orleans Pelicans de disputar los playoffs por primera vez desde que Anthony Davis se marchó rumbo a Los Angeles. Quizá más importante es que ha permitido que la organización vislumbre de manera temprana lo que puede ser el equipo en los años venideros: Zion Williamson como máxima estrella, Brandon Ingram como co-protagonista y un extenso elenco de prometedoras piezas de futuro siendo capaces de solventar los retos que se les pongan por delante.

A pesar de toda su brillantez individual e inconmensurable talento, no ha habido muchos momentos a lo largo de la temporada en que toda la plantilla haya estado disponible para comenzar a carburar de forma conjunta y trabajar su química. En el caso concreto de Zion e Ingram, esto adquiere un carácter obligatorio: los dos mejores jugadores del equipo tienen que aprender a convivir (y producir) de manera conjunta.

Todo esto quedó patente en el partido contra los Memphis Grizzlies. En él, las dos estrellas se combinaron para anotar 47 puntos, incluidos 19 de los 30 sumados por el equipo en el periodo final. Cuando el tiempo apretaba y el reloj se acercaba a su ocaso, Zion y Brandon sumaron 17 tantos consecutivos para defenderse del arreón final de unos descarados Grizzlies.

Hasta entonces, los Pelicans habían tenido serios problemas para cerrar los partidos. Antes del triunfo ante Memphis, los de Alvin Gentry presentaban un balance de 12-25 en aquellos partidos en los que se llegó a los últimos cinco minutos con una diferencia igual o inferior a los cinco puntos.

En muchas ocasiones en la historia de la NBA hemos presenciado equipos repletos de talento que fueron incapaces de materializar su potencial hasta haber superado sus obstáculos mentales. Este encuentro tan solo es un pequeño oasis en el desierto de New Orleans y no es una señal inequívoca de haber resuelto los problemas que habían arrastrado hasta entonces. Pero quizá si ha sido lo suficientemente significativo como para que el young core comience a explotar sus posibilidades y que el dúo Williamson-Ingram intensifique sus esfuerzos y amplíe la confianza en su juego.

La presencia de Williamson es tan dominante que es capaz de modificar las reglas del juego de múltiples formas, absorbiendo una gran carga del juego y las responsabilidades ofensivas.

A su vez, la capacidad de Ingram para crearse tiros para sí mismos y generar espacios para sus compañeros lo han convertido en la pieza central de la ofensiva de los New Orleans Pelicans, un rol que acogió con soltura desde el primer minuto.

Superar a los Grizzlies de la manera en la que lo hicieron ha servido para colocar un granito de arena más en la montaña del crecimiento general del equipo, especialmente en lo que a la resolución de finales se refiere y en un momento tan vital para las expectativas de playoffs.

Uno de los principales objetivos de los Pelicans en Orlando era comenzar a trazar una hoja de ruta y establecer una serie de pautas mentales por los que tiene que pasar un futuro contendiente antes de alcanzar el éxito. El lunes, ante Memphis, uno de los proyectos con mayor proyección de toda la NBA se demostró a sí mismo que esta preparado para ofrecer mucha guerra en la Conferencia Oeste.

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