Draymond Green y la evolución defensiva en la NBA
El sensacional estado de forma de los vigentes campeones de la NBA no se puede entender sin tener en cuenta el gran impacto que ha causado Draymond Green.
Los principales debates del mundo del baloncesto profesional, tanto por parte de los seguidores como de los medios de comunicación, giran normalmente en torno a las capacidades ofensivas de los jugadores.
Es mucho más común escuchar a los aficionados hablar sobre la última locura ofensiva protagonizada por Stephen Curry que hacerlo sobre la sensacional defensa aplicada por un determinado jugador. De hecho, es la anotación en si, principio primordial del baloncesto, la que proporciona la mayor parte del entretenimiento a los seguidores de la NBA, siendo la defensa, por otro lado, injustamente menospreciada en el aspecto visual.
Lo que no podemos negar es que la NBA está sufriendo una notable transformación ante nuestros ojos. El base de los Warriors es el principal baluarte de la emergente e imperiosa necesidad de hacer del tiro exterior un aspecto fundamental del juego. Jugadores como Anthony Davis y DeMarcus Cousins acuden con mayor asiduidad al uso de un lanzamiento que era prácticamente tabú para ellos al comienzo de sus respectivas carreras. Y a medida que el small-ball y el uso masivo del triple se instauran con fuerza en la NBA, cada vez es más fácil pasar por alto el impacto que un jugador como Draymond Green está causando en la competición.
No es sorprendente que el nombre de Green no aparezca en primera línea cuando nos referimos a la transformación del juego. Aunque a lo largo de las últimas dos temporadas, principalmente en ésta, se ha asentado como una estrella emergente de la liga, su relativamente limitado impacto ofensivo lo mantiene a ojos de los aficionados un peldaño por debajo del lugar que se merece. De hecho, su acierto del 37.9% en triples y sus 7.4 asistencias por partido lo han transformado en algo más que un mero especialista defensivo.
El ala-pívot se vio prácticamente obligado a evolucionar en su variante ofensiva para ayudar en el movimiento de balón de los Warriors e, incluso, hacer como director de orquesta en determinados momentos si el guión lo exige. Si no hubiera ampliado su repertorio ofensivo, es más que probable que su primera aparición en el All-Star no se hubiera producido.
El valor que le damos a la ofensiva no va, ni mucho menos, a cambiar, sobre todo porque el éxito en la liga está cada vez más orientada a la efectividad en el aro rival. Todo jugador que se precie debe ser capaz de lanzar a canasta prácticamente desde cualquier zona del campo rival. Lo contrario provocaría una amenaza menos que desequilibraría la estabilidad ofensiva del equipo y dando mayor facilidad al esquema defensivo rival.
Anécdoticamente, esta intensidad defensiva se ha convertido en vital para combatir la locura por el tiro de tres puntos. Con los jugadores experimentando los mejores porcentajes y la mayor cantidad de tiros realizados en toda la historia de la liga, la presencia de un defensor versátil y que pueda defender tanto a interiores como a exterior se presenta más valiosa que nunca. Un perfil que encaja, perfectamente, con Draymond Green.
Durante los últimos 20 años, solo dos jugadores exteriores se han coronado con el premio al Mejor Defensor del Año: Gary Payton (1996), único base en la historia en conseguirlo, y Metta World Peace, en 2004. Kawhi Leonard se convirtió en el tercero hace apenas un año, en unas votaciones en las que el propio Green finalizó en segunda posición. Jugadores como Leonard y Green están asentando como el futuro de la NBA y su aportación al juego global del equipo es cada vez mayor. De hecho, sus equipos, Golden State y San Antonio, ocupan las dos primeras posiciones en victorias.
Es por todo esto que carece de sentido que el aspecto defensivo sea tan poco destacado en nuestros días. Para combatir la inminente evolución de unas puntuaciones cada vez mayores, la defensa deberá también sufrir una transformación que intente equilibrar ambas facetas. Entre Stephen Curry, Klay Thompson, Andre Iguodala, Harrison Barnes y Draymond Green, los Warriors presentan un Net Rating, diferencial entre puntos anotados y recibidos por cada 100 posesiones, de +48.4, una cifra absolutamente impresionante. El problema es que, hasta el momento, nadie ha podido dar con el antídoto para detener el vendaval ofensivo de los vigentes campeones de la NBA. Y la mera presencia de Green aumenta las prestaciones de su equipo en hasta 3.8 rebotes y 3.5 tapones pese a su limitada estatura.
La mayor virtud dentro del amplio abánico de posibilidades que ofrece la versatilidad de Green es su fortaleza y gran presencia interior, mientras que, a su vez, posee la rapidez y la intensidad suficiente para cubrir el perímetro sin excesivas dificultades. De acuerdo a unos datos de NBA.com, el ala-pívot ocupa la séptima posición en defensa interior de la liga, permitiendo tan solo un 31.7% de aciertos por parte de sus rivales.
Por si fuera poco, su facilidad para ejecutar ataques rápidos, jugar al contraataque, conducir el balón, asistir al compañero, penetrar a canasta o lanzar desde el exterior lo convierten, además, en un jugador bastante completo en el aspecto ofensivo. Nadie diría que fue seleccionado en la segunda ronda del Draft de 2012.