El adiós de Tim Duncan y Kobe Bryant marca el final de la 'Era de la Lealtad' en la NBA

Los recientes movimientos del mercado dan paso a una nueva forma de entender la liga. No caben estrellas que permanezcan toda su carrera en un mismo equipo.

En menos de tres meses la mejor liga de baloncesto del mundo se ha quedado sin Kobe Bryant y Tim Duncan. De alguna manera notamos que la NBA se queda huérfana de una mentalidad y principios que han marcado buena parte de la historia de la competición durante décadas, incontables excepciones aparte. Y no es otra que la mentalidad que anima la voluntad de las estrellas de mantenerse fiel a un mismo equipo durante toda una trayectoria deportiva, cuando se gana y también cuando se pierde.

Existen muchísimas diferencias entre la retirada del escolta de Los Angeles Lakers y la del 'cuatro' de los San Antonio Spurs; los salarios que cobraron en sus últimos años, sus presencias en Playoffs, su forma de entender este deporte... pero sin duda la marcha de Kobe y Timmy deja un vacío muy difícil de llenar, por no decir imposible; se trata de los dos jugadores con más impacto desde Michael Jordan, de los únicos en activo que han conseguido cinco anillos de campeón a lo largo de su carrera, y ambos permaneciento los 20 y 19 años de sus carreras en el mismo vestuario, ahí es nada.

En las dos últimas semanas hemos sido testigos de varios movimientos por parte de superestrellas consolidadas de la liga, que en la mayoría de casos han decidido cambiar de equipo en el mercado de agentes libres y en otras han dado el visto bueno a traspasos que han encogido el corazón de los aficionados. Movimientos de los que antes veíamos uno cada verano, si llegaba, y de los que hemos perdido la cuenta en la primera semana de este mes de julio;

Joakim Noah y Derrick Rose dejaron Chicago después de 8 y 9 años respectivamente para unirse a los Knicks, Kevin Durant devastó Oklahoma City con su inesperado adiós tras 9 temporadas, Dwyane Wade rompió el corazón a Miami para irse a su Chicago natal después de 13 años y tres anillos de campeón, y Al Horford cambió Atlanta por Boston después de 9 años siendo el referente de los de Georgia.

Las estrellas, que cada vez son más -por contrato- se ofrecen al mejor postor sin importarles apenas los aficionados y el proyecto de la franquicia, aunque luego dediquen pomposas cartas a sus fans después de romperles el corazón "Ha sido una decisión muy difícil y quiero agradecer todo el apoyo recibido.... y blababla". Ya avisó Hassan Whiteside antes de renovar con Miami Heat; "No soy un romántico, soy un hombre de negocios que juega al baloncesto; me iré al equipo que más me pague".



Los Thunder no esperaban perder a Durant ni los Heat esperaban que Wade se marchara. porque sus mandatarios estaban acosumbrados al viejo orden. Ahora todo aquello se esfumó.

Si bien es cierto que en la historia de la liga ha habido incontables 'traiciones' de jugadores que abandonaron su hogar para embarcarse en proyectos mejores que podrían darles un anillo (como Kevin Garnett en 2007 marchándose a Boston o LeBron James en 2010 llegando a Miami) nunca habíamos sido testigos de una migración de jugadores franquicia como la que hemos visto este verano.



Con todo esto, podemos llegar a la conclusión de que este verano de 2016, en el que ha entrado por fin en vigor el nuevo contrato televisivo de la NBA, el concepto de lealtad ha cambiado de bando. Ahora hay atraer a las estrellas con grandes contratos, enormes proyectos y un gran mercado.

El último representante de la vieja escuela de estrellas fieles al equipo que les eligió en el Draft es Dirk Nowitzki, que también estuvo tentado por los Warriors. Y parece que se retirará cuando finalice la próxima temporada y cumpla 20 años en la liga.

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