No se puede decir que Ricky Rubio haya sido bien tratado últimamente por sus franquicias NBA. Salió por la puerta de atrás de Utah Jazz tras dos temporadas a muy buen nivel. Su sustituto, Mike Conley, llegó cobrando más del doble, siendo más mayor, y no aportando mejores estadísticas.
Su aterrizaje en Phoenix Suns fue perfecto. Llegó como el más veterano de un equipo con estrellas como Devin Booker, Kelly Oubre Jr. o Deandre Ayton (este más que estrella es bluff) que querían pasar de un equipo de fondo de tabla a un equipo de playoffs. Y, tras una campaña irregular, en la burbuja consiguieron mostrar un gran nivel y a punto estuvieron de conseguirlo.
Todo parecía niquelado para una segunda campaña de Ricky en los Suns liderando al equipo. Pero no. Los de Arizona vieron la oportunidad de contratar a Chris Paul y no lo dudaron. Y no vamos a poner en duda que Chris Paul es uno de los mejores bases de la historia y que es mejor que Ricky. Pero si miramos las estadísticas ocurre lo mismo que con Mike Conley: es mucho más mayor, cobra más del doble y sus números son casi idénticos: Paul promedia esta campaña con los Suns 13.4 puntos y 8.3 asistencias y Ricky promedió la pasada temporada 13 puntos y 8.8 asistencias.
Combinados, eran los mejores números de su carrera. En plena madurez. Hace apenas un año ha sido MVP de un Mundial. Su premio: traspasado a OKC y posteriormente a Minnesota Timberwolves. Segunda aventura en una franquicia que le hizo vivir sus primeras campañas NBA pero que vive en continua reconstrucción y que no ilusiona a nadie. Y, por si fuera poco, su entrenador Ryan Sounders pasa de él.
El equipo juega como si D'Angelo Russell fuera LeBron James: él reparte el juego y se juega la mayoría de los tiros. Los que sobran son para Malik Beasley y, lógicamente, si está jugando Karl-Anthony Towns porque no está lesionado ya no hay tiros para nadie más.
Así, Ricky, que comenzó como titular pero ahora es suplente, tiene menos el balón que lo que lo tenía con Donovan Mitchell o Devin Booker. Ver para creer... Apenas si promedia una veintena corta de minutos por partido, 7.8 puntos y 4.5 asistencias. Comparte minutos con Jarrett Culver...
El peor momento de su carrera, sin lugar a dudas. De aquí solo puede ir a mejor o, con suerte, ser traspasado otra vez. Su etapa en Minnesota estaba finalizada. No debió volver. Hay muchas franquicias NBA en las que podría aportar.