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Fallece el hombre que llevó a la gloria a los Seattle Supersonics

Lenny Wilkens, auténtica leyenda de la NBA, nos ha dejado a la edad de 88 años

Lenny Wilkens, leyenda de Seattle Supersonics.

Lenny Wilkens, una de las figuras más respetadas y completas en la historia del baloncesto, falleció este domingo a los 88 años. Su legado trasciende generaciones: fue un base elegante, un entrenador ganador y un auténtico embajador del deporte. Inmortalizado tres veces en el Salón de la Fama —como jugador, entrenador y asistente del Dream Team de 1992—, Wilkens dejó una huella imborrable en la NBA.  Leyenda absoluta del banquillo de Seattle Supersonics.

Nacido en Brooklyn en 1937, Wilkens creció en un entorno humilde. Su padre murió cuando él tenía solo cinco años, y su madre trabajaba en una fábrica de dulces. A pesar de no destacar en el baloncesto escolar hasta su último año, su talento llamó la atención de Providence College, donde se convirtió en su primera gran estrella y en un dos veces All-American. Condujo a los Friars a las finales del NIT en 1960 y, décadas después, la universidad retiró su mítico dorsal 14.

Seleccionado por los St. Louis Hawks en el draft de 1960, Wilkens disputó 15 temporadas en la NBA, siendo nueve veces All-Star y líder de asistencias en dos campañas. En 1968 llegó a los Seattle SuperSonics, donde asumió el doble papel de jugador y entrenador. Su visión de juego y su serenidad en el banquillo transformaron a la franquicia. En 1979 llevó a los Sonics a su único título de la NBA, consolidando su nombre entre los grandes estrategas del baloncesto estadounidense.

Enorme carrera en la NBA

En su extensa carrera como entrenador, acumuló 1.332 victorias —tercera mayor cifra en la historia de la liga— al frente de equipos como Seattle, Portland, Cleveland, Atlanta, Toronto y Nueva York. Fue nombrado Entrenador del Año en 1994 y, además, conquistó el oro olímpico en Atlanta 1996 con la selección estadounidense.

Más allá de los números, Wilkens fue un pionero. En una época con escasas oportunidades para los entrenadores afroamericanos, abrió camino con su estilo tranquilo y su respeto por los jugadores. “No vengo de nada, así que entiendo lo que muchos jóvenes atraviesan”, dijo una vez al explicar su cercanía con los equipos que dirigía.

El comisionado Adam Silver lo describió como “la personificación de lo mejor de la NBA”. Su influencia también se extendió fuera de la cancha: su fundación benéfica recaudó millones para causas sociales en Seattle, donde siempre será recordado como el hombre que llevó gloria a los SuperSonics.