En medio de la incertidumbre habitual que rodea a los entrenadores en último año de contrato, Steve Kerr dejó clara una cosa: su vínculo con Stephen Curry está por encima de cualquier negociación. El técnico de Golden State Warriors aseguró en una entrevista con The Athletic que no contempla la posibilidad de alejarse del proyecto mientras Curry siga liderando la franquicia.
Tras 12 temporadas juntos y cuatro anillos de la NBA, Kerr considera que su relación con el base va mucho más allá de los resultados. Curry, de 37 años y en su 17.ª campaña en la liga, representa el eje emocional y competitivo de una era irrepetible para Golden State.
La conexión entre ambos comenzó incluso antes de compartir vestuario. Kerr recordó que vio jugar a Curry por primera vez cuando este estaba en su segundo año en Davidson, mientras él ejercía como gerente general de los Phoenix Suns. Estuvo cerca de seleccionarlo en el draft, pero aquella oportunidad se escapó. Años después, el destino los uniría en San Francisco.
Cuando Kerr llegó a los Warriors, Curry ya era una estrella consolidada. El objetivo inicial fue simple: potenciar su juego y construir un equipo campeón a su alrededor. El resultado fue inmediato. En su primera temporada juntos levantaron el título, y luego llegarían tres más, consolidando una de las dinastías más influyentes de la era moderna.

El impacto de Curry, más allá del juego
Más allá del parquet, Kerr destacó el impacto humano de Curry dentro de la organización. Para el entrenador, su liderazgo, carácter y forma de relacionarse con compañeros y staff lo colocan entre las personas más valiosas con las que ha trabajado en toda su carrera.
La temporada pasada ofreció una muestra de que el competitivo espíritu del dúo sigue intacto. Golden State incorporó a Jimmy Butler, superó a los Houston Rockets en primera ronda de playoffs y soñó con algo más, hasta que una distensión en el tendón de la corva de Curry frente a Minnesota puso punto final al curso.
Kerr, que acumula nueve campeonatos entre su etapa como jugador y entrenador, asegura que la persecución de un nuevo anillo sigue siendo un motor, aunque no el único. Para él, el valor está también en el proceso, en la lucha diaria por competir al máximo nivel, incluso cuando el desenlace no está garantizado.