Chris Paul ha anunciado su retirada del baloncesto profesional tras ser cortado por los Toronto Raptors, movimiento que marca el punto final a una de las trayectorias más influyentes de la historia reciente de la NBA. El base, de 40 años, fue traspasado en la fecha límite desde Los Angeles Clippers en un acuerdo a tres bandas con los Brooklyn Nets que involucró a Ochai Agbaji, aunque su etapa en Canadá fue breve.
En la temporada 2025/26 había disputado 16 partidos con los Los Angeles Clippers antes de ser apartado del equipo, promediando 2,9 puntos, 1,8 rebotes y 3,3 asistencias en un rol claramente secundario. Lejos quedaban sus años como uno de los bases dominantes de la liga, pero incluso en la recta final de su carrera mantuvo su sello: dirección, lectura del partido y liderazgo.
Un base generacional
Elegido en el Draft de 2005, Paul transformó cada franquicia por la que pasó. Fue el líder competitivo de los entonces New Orleans Hornets, el cerebro del proyecto de los Clippers durante la era “Lob City”, elevó a los Houston Rockets a la élite del Oeste y llevó a los Phoenix Suns hasta unas Finales de la NBA. También dejó su huella en los Oklahoma City Thunder y en su regreso a los Clippers.
A lo largo de dos décadas construyó un legado sustentado en la excelencia constante. Fue múltiples veces All-Star, integrante habitual de los mejores quintetos de la liga y uno de los bases más completos de su generación. Su capacidad para dominar el ritmo, controlar el balón y minimizar pérdidas lo situó entre los mejores directores de juego de todos los tiempos.
Maestro del control y la eficiencia
Chris Paul no fue un base explosivo en lo físico, sino cerebral en lo táctico. Su dominio del pick and roll, su tiro de media distancia y su agresividad defensiva —liderando la liga en robos en varias ocasiones— definieron su estilo. Fue un competidor obsesivo, capaz de transformar vestuarios y elevar el nivel colectivo.
En términos estadísticos, cerró su carrera entre los máximos asistentes y recuperadores de balón de la historia de la NBA, consolidando su lugar en cualquier debate sobre los mejores bases de todos los tiempos. Su influencia trascendió los números: fue presidente del sindicato de jugadores y una voz relevante dentro y fuera de la pista.