El base de Golden State Warriors, Stephen Curry, reconoció que convivir con molestias en su rodilla será parte habitual de su carrera a partir de ahora, en la antesala de su regreso a las pistas tras una larga ausencia.
Curry, que se ha perdido 27 partidos por una lesión que él mismo calificó como “impredecible”, admitió su frustración por la evolución del problema. “Pensé que estaría fuera una semana, diez días como máximo. Pero cada vez que intentaba forzar durante ese primer mes, siempre había una reacción”, explicó, dejando claro que la recuperación no siguió los plazos esperados.
A diferencia de otras lesiones, el base subrayó que esta vez el proceso fue especialmente complicado por la falta de certezas. No había una fecha concreta de vuelta, lo que dificultaba ajustar la carga de trabajo y medir los progresos reales.
Pese a ello, Curry completó recientemente un entrenamiento de cinco contra cinco y recibió el alta médica para reaparecer frente a los Houston Rockets, un paso clave en su puesta a punto para el tramo decisivo del curso.
A sus 38 años, el jugador asumió que este tipo de molestias formarán parte de su día a día competitivo. “No hay ningún problema estructural en la rodilla, así que no es que esté en desventaja. Pero es la nueva normalidad”, señaló.

El líder de Golden State dejó entrever que deberá gestionar cuidadosamente su estado físico en adelante, adaptándose a sensaciones cambiantes en la rodilla.
El objetivo: competir hasta el final
Más allá de lo físico, Curry mantiene intacta su ambición competitiva. Con los Warriors peleando por su posición en el ‘play-in’, el base fue claro sobre sus expectativas inmediatas: “Ojalá ganemos los dos partidos de repechaje. Luego ya hablaremos”.
Su regreso supone un impulso clave para un equipo que necesita a su estrella en plenitud para aspirar a prolongar la temporada.