Los Chicago Bulls han decidido dar un giro radical a su proyecto deportivo. La franquicia anunció este lunes el despido de Arturas Karnisovas, vicepresidente ejecutivo de operaciones de baloncesto, y del general manager Marc Eversley, poniendo fin a una etapa de seis temporadas marcada por la irregularidad. Eso sí, increíblemente, y pese a los resultados, parece que quieren seguir contando con su entrenador de toda esta época Billy Donovan.
Karnisovas y Eversley asumieron el control de las oficinas en la campaña 2020-21 con la misión de reconstruir el equipo. Sin embargo, el balance final deja más sombras que luces: 224 victorias y 254 derrotas, con solo una temporada ganadora, la 2021-22. Ese mismo curso fue también el único en el que Chicago alcanzó los playoffs, cayendo en primera ronda en cinco partidos ante los Milwaukee Bucks en 2022.
La presente temporada ha sido el detonante definitivo. Con un registro de 29-49 y situados en la duodécima posición de la Conferencia Este, los Bulls se quedarán fuera de los playoffs por cuarto año consecutivo, una situación que ha colmado la paciencia de la propiedad.
El propietario, Michael Reinsdorf, explicó la decisión en un comunicado en el que reconoció la dificultad del momento, pero también la necesidad de cambiar el rumbo. El dirigente admitió que el equipo no ha estado a la altura de lo que merecen los aficionados y asumió la responsabilidad de iniciar una nueva etapa con el objetivo de construir un proyecto competitivo a largo plazo.
Durante su mandato, Karnisovas apostó por una reconstrucción agresiva. Su primer gran movimiento fue el traspaso por Nikola Vucevic, al que siguieron las incorporaciones de Lonzo Ball, Alex Caruso y DeMar DeRozan en el verano de 2021. Aquella plantilla ilusionó con un brillante inicio (38-21 antes del All-Star), pero las lesiones, especialmente la de Ball, frenaron en seco su progresión.
A partir de ahí, el proyecto se fue desinflando. Chicago no logró obtener grandes retornos al desmantelar ese núcleo, incluyendo la salida de Zach LaVine tras firmar una extensión máxima. Aunque el equipo comenzó la actual campaña con un prometedor 5-0, la realidad pronto se impuso: lesiones, rachas negativas —cuatro de al menos cinco derrotas— y un balance de 6-27 en los últimos 33 partidos terminaron por hundir al grupo.
En el último cierre de mercado, la franquicia intentó redefinir su rumbo traspasando a siete jugadores, entre ellos nombres queridos por la afición como Coby White y Ayo Dosunmu. La intención era, en palabras de Karnisovas, “salir de la mediocridad”, pero los movimientos no mejoraron significativamente las opciones de futuro ni las probabilidades en la lotería del draft.
Ahora, los Bulls afrontan el verano con margen de maniobra. El equipo contará con su propia elección de lotería y cerca de 60 millones de dólares de espacio salarial, con jóvenes como Josh Giddey, Matas Buzelis, Tre Jones y Noa Essengue como parte de la base sobre la que construir.
El banquillo no cambia
En el banquillo, la situación es distinta. La organización mantiene una valoración positiva de Billy Donovan, entrenador desde 2020, y tiene previsto reunirse con él al final de la temporada para estudiar su continuidad dentro del nuevo proyecto.
Tras años de continuidad en los despachos —con precedentes como el largo mandato de John Paxson—, los Bulls optan ahora por una ruptura clara. El objetivo es iniciar un nuevo ciclo que devuelva a la franquicia a la lucha por los puestos altos de la NBA.