Lo ocurrido con los Memphis Grizzlies no es solo una rareza estadística: es también una señal preocupante para la NBA. En una liga que presume de ser la mejor del mundo, la combinación de dinámicas cercanas al tanking y partidos donde un equipo bate —o iguala— récords históricos sin competir realmente por la victoria deja una imagen difícil de justificar.
Memphis igualó el récord de triples en un partido con 29 aciertos desde el perímetro, una cifra que hasta ahora compartían los Milwaukee Bucks y los Boston Celtics. Sin embargo, lo verdaderamente llamativo no es el número, sino el contexto: derrota clara en casa por 142-126 ante los Cleveland Cavaliers.
El dato es tan impactante como contradictorio. Los Grizzlies lanzaron un 49,2% en triples (29 de 59), con nueve jugadores anotando al menos uno, y aun así nunca dieron la sensación de controlar el partido. De hecho, se convirtieron en el primer equipo en la historia en alcanzar esa cifra de triples y perder, superando incluso el anterior precedente negativo de los Golden State Warriors, que cayeron tras anotar 27 en 2024.
Más allá del récord, el partido deja una lectura más profunda. Memphis repartió sus 29 triples a lo largo de todo el encuentro —10 en el primer cuarto y otros 10 en el último—, pero sin una estructura competitiva sólida detrás. Mientras tanto, Cleveland, con un mucho más discreto 12 de 32 desde el triple, dominó el desarrollo con mayor equilibrio y control.
El propio Tuomas Iisalo valoró el esfuerzo de los suyos, destacando la intención de ir a por el récord, aunque sin ocultar que no se logró en solitario. En el otro lado, Kenny Atkinson reconoció el acierto rival, pero sin que eso cambiara el resultado final.
El problema es que esta actuación no llega en el vacío. Los Grizzlies han perdido 18 de sus últimos 20 partidos, una dinámica que encaja con contextos donde competir deja de ser la prioridad principal. Y ahí es donde la lectura trasciende el boxscore: cuando un equipo puede firmar una de las mejores noches de tiro de la historia sin que eso tenga impacto real en el marcador, algo falla en el equilibrio competitivo.
Nada pese a los triples
Jugadores como Adama Bal y Dariq Whitehead, con seis triples cada uno, o Lucas Williamson y Olivier-Maxence Prosper, completaron una noche ofensiva extraordinaria en lo individual. Pero el conjunto volvió a evidenciar que el baloncesto no se reduce a acumular aciertos desde el perímetro.
El partido, en definitiva, deja una imagen paradójica: un récord histórico que no acerca a la victoria, un espectáculo estadístico sin traducción competitiva y una sensación incómoda para la liga. Porque cuando esto ocurre, el foco deja de estar en la grandeza del logro y pasa directamente a cuestionar el contexto en el que se produce.