El futuro de LeBron James vuelve a convertirse en una de las grandes incógnitas del verano en la NBA. Según explicó el periodista Brian Windhorst en el programa Get Up, si Los Angeles Lakers quieren contar con la estrella una temporada más tendrán que dar el primer paso y trabajar seriamente para convencerle.
Windhorst dejó claro que James no tiene intención de acudir a la franquicia angelina para pedir una renovación o exigir un nuevo contrato. “LeBron no va a ir a los Lakers diciendo ‘dadme más’. Van a tener que ir ellos a por él”, señaló el insider.
Además, explicó que el jugador tiene margen total para manejar los tiempos de su decisión y que incluso podría esperar hasta agosto para valorar su futuro y estudiar sus opciones. Según Windhorst, “puede hacer lo que quiera”. De hecho, aseguró que si decidiera esperar hasta justo antes del inicio de la temporada seguiría teniendo equipos interesados en ficharle.

Los Lakers, obligados a mover ficha
El periodista también advirtió de que los Lakers no pueden permitirse esperar indefinidamente mientras el contrato expirado de 58 millones de dólares de LeBron sigue sin resolverse. “Necesitan ir a LeBron y decirle: ‘Esto es lo que queremos ofrecerte y por qué’”, explicó Windhorst.
La cuestión, según añadió, no pasa únicamente por el dinero. Para la franquicia también será importante transmitirle respeto y explicarle con claridad cuál es el plan deportivo. Windhorst señaló que, si los Lakers quieren pedirle un esfuerzo económico o una rebaja salarial, tendrán que justificar qué harán con ese margen financiero y qué jugadores intentarán incorporar para reforzar el equipo.
La situación de LeBron no es el único gran asunto pendiente en Los Ángeles. La franquicia también deberá resolver el futuro de Austin Reaves, que rechazará su opción de jugador de 15 millones de dólares para firmar un nuevo contrato mucho más elevado. El escolta tiene derecho a aspirar a una extensión máxima de cinco años y más de 240 millones de dólares con los Lakers.
En caso de no recibir esa oferta, podría buscar un contrato máximo de cuatro temporadas en otro equipo. Aunque nadie espera que las negociaciones lleguen a ese extremo, el verano se presenta especialmente agitado para los Lakers, que afrontan decisiones fundamentales para definir el rumbo de la franquicia.