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El segundo Apron debe desaparecer de la NBA: la norma que destroza equipos campeones

Adam Silver mantuvo su postura en una reciente comparecencia de prensa sobre seguir con la norma

Jayson Tatum, estrella de Boston Celtics.

La NBA vive un momento de enorme igualdad competitiva. Ocho campeones diferentes en las últimas ocho temporadas es un dato histórico que la liga exhibe con orgullo, pero cada vez son más las voces que cuestionan el precio que se está pagando por esa paridad. El gran señalado es el llamado segundo apron, una barrera salarial que, para muchos ejecutivos, ha cambiado por completo la forma de construir plantillas.

El segundo apron, fijado en 221,7 millones de dólares para la temporada 2026-27, no es un límite salarial tradicional, pero en la práctica funciona casi como uno. Superarlo implica una larga lista de restricciones en traspasos, agencia libre y Draft que convierten en una misión casi imposible mantener un equipo competitivo durante varios años.

El mejor ejemplo de este verano ha sido el de los Boston Celtics. Apenas dos años después de conquistar el anillo, la franquicia ha desmantelado el bloque que la llevó al campeonato. Primero salieron Jrue Holiday y Kristaps Porzingis, después no renovaron a Al Horford ni Luke Kornet, y finalmente llegó la decisión más dolorosa: traspasar a Jaylen Brown.

Con ese movimiento se puso fin a una de las parejas más exitosas de la última década junto a Jayson Tatum, una separación que no respondió a motivos deportivos, sino económicos.

Brad Stevens, presidente de operaciones de los Celtics, fue muy claro al explicar la situación.

"El camino parecía mucho más complicado con el 70% de nuestro límite salarial y un porcentaje tan alto de nuestro uso ofensivo ligado a dos jugadores."

Sus palabras reflejan el gran problema que muchos ven en el actual sistema. Si una franquicia no puede conservar a dos estrellas formadas en casa, que además han sido la base de un equipo campeón, ¿está funcionando realmente el modelo?

Adam Silver defiende el sistema

Desde la NBA no existe esa preocupación. Al contrario.

El comisionado Adam Silver dejó claro durante la reunión de la Junta de Gobernadores celebrada en Las Vegas que el funcionamiento del segundo apron responde exactamente a lo que la liga buscaba.

"No es una consecuencia no deseada. El sistema está funcionando muy bien."

La explicación es sencilla. La NBA quiere favorecer el movimiento constante de jugadores y evitar la formación de dinastías demasiado prolongadas. Cuantos más equipos tengan opciones reales de competir por el título, mayor será el interés global de la competición.

Los resultados parecen darle la razón. Nunca antes la liga había tenido ocho campeones distintos en ocho temporadas consecutivas.

Los Knicks también han sufrido las consecuencias

Boston no ha sido el único afectado.

Los New York Knicks, vigentes campeones de la NBA, también han tenido que tomar decisiones condicionadas por el segundo apron. La franquicia no pudo renovar a Mitchell Robinson, una pieza importante del equipo campeón, por el enorme riesgo económico que suponía superar ese límite.

El propio propietario de la franquicia, James Dolan, resumió la situación con una frase muy gráfica durante una entrevista en WFAN.

"Hay ciertas cosas en la NBA que sería un suicidio hacer. Una de ellas es entrar en el segundo apron."

Cada vez más propietarios comparten esa visión. No se trata únicamente del impuesto de lujo, sino de todas las restricciones deportivas que llegan asociadas a superar esa barrera.

¿Se está perdiendo la identidad de los equipos?

Uno de los argumentos más repetidos por los críticos del sistema es que los aficionados salen perjudicados.

Durante décadas la NBA construyó su popularidad alrededor de grandes dinastías y parejas legendarias. Los Lakers y Celtics de los años 80, los Bulls de Michael Jordan y Scottie Pippen o los Spurs de Tim Duncan ofrecieron continuidad durante muchos años.

Ahora, en cambio, resulta mucho más complicado mantener unido un núcleo campeón.

El temor es que los aficionados inviertan años siguiendo el crecimiento de una estrella formada en su equipo para verla salir únicamente por cuestiones salariales, sin que exista un verdadero motivo deportivo.

Victor Wembanyama marca un camino diferente

Uno de los casos más sorprendentes ha sido el de Victor Wembanyama.

La superestrella de los San Antonio Spurs decidió renunciar voluntariamente a parte del dinero que podía percibir en su nuevo contrato. En lugar de aceptar un máximo del 30% del límite salarial, firmó por el 25%, dejando sobre la mesa más de 50 millones de dólares.

Ese sacrificio permitirá a los Spurs disponer de mayor margen para conservar en el futuro a jóvenes talentos como Stephon Castle y Dylan Harper, además de seguir reforzando la plantilla.

Sin embargo, esa decisión también ha abierto otro debate.

El sindicato carga contra la NBA

Para el sindicato de jugadores, el problema no debería recaer sobre las estrellas.

El nuevo director ejecutivo de la NBPA, David Kelly, considera injusto que sean los propios jugadores quienes deban sacrificar parte de sus contratos para mantener unido un proyecto ganador.

"Nuestra postura es que el sistema no debería exigir que un jugador cargue con todo ese peso. No debería ponerle en esa posición para mantener unido un equipo. Si el sistema hace eso, tenemos un problema."

Paradójicamente, el propio sindicato aceptó la creación de los aprons durante la negociación del convenio colectivo firmado en 2023, por lo que ahora tendrá muy complicado eliminarlos cuando vuelvan a negociarse las normas en 2029.

Una igualdad que tiene un precio

Los defensores del segundo apron sostienen que ha conseguido exactamente lo que perseguía: repartir el talento por toda la liga y evitar que los equipos con mayor capacidad económica acumulen estrellas durante muchos años.

Sus detractores, en cambio, creen que está destruyendo la continuidad de los proyectos deportivos y obligando a desmontar equipos campeones mucho antes de lo que dicta la lógica competitiva.

La NBA parece tener clara su apuesta. Adam Silver considera que la igualdad entre franquicias es prioritaria, incluso aunque eso suponga despedirse de las grandes dinastías que marcaron la historia de la competición.

El debate, sin embargo, está lejos de terminar. Porque mientras la liga celebra una paridad nunca vista, muchos aficionados asisten con frustración a cómo los equipos que consiguen hacer todo bien terminan deshaciéndose precisamente cuando alcanzan la cima.