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Madrid gana sin triples: ritmo y penetración en el debut

Raúl González - 2 oct 2026 | 20:09

El Real Madrid se impuso a Unicaja 89-87 en su estreno en la Liga Endesa con un desempeño ofensivo contradictorio. Lanzó 26 triples con solo seis aciertos (23,1%), pero anotó 89 puntos y generó 116,4 puntos por cada cien posesiones. La clave residió en un ataque basado en ritmo, penetración y rebote ofensivo.

Madrid gana sin triples: ritmo y penetración en el debut

El Real Madrid desplegó en su debut una identidad ofensiva clara que trasciende los números del perímetro. Con apenas un 23% de acierto en triples, el equipo dirigido por Pedro Martínez logró una producción de 116,4 puntos por cada cien posesiones, demostrando que el ataque tiene múltiples caminos para llegar a la canasta. Este desajuste entre la ineficiencia exterior y la eficacia general es, probablemente, el dato más revelador del arranque madrileño.

Un equipo que rechaza el juego lento

El primer indicador que estructura todo lo demás son las 76,5 posesiones por cuarenta minutos. Se trata de un ritmo elevado que no significa necesariamente lanzar en seis segundos, sino salir del rebote sin pausas, sacar rápido de fondo y llegar a campo contrario antes de que la defensa esté completamente colocada. Este plan descansa sobre dos bases concretas: Facundo Campazzo y Théo Maledon repartieron doce de las veinte asistencias del equipo —siete el francés y cinco el argentino—, encargándose de generar la primera ventaja ofensiva. Lo que suceda después depende directamente de cómo resuelvan esa situación inicial.

El ritmo alto no es casual. Responde a una filosofía donde el movimiento constante descoloca defensas y crea oportunidades antes de que el rival se reorganice. Campazzo y Maledon son los directores de esta orquesta, generando ventajas que luego el equipo explota de formas variadas.

La penetración como eje central del ataque

Los números de tiro no dejan espacio para la ambigüedad. El Madrid lanzó 46 tiros de dos por solo 26 triples, acertando el 58,7% de los primeros. Además, pisó la línea de tiros libres 22 veces con un 77,3% de acierto. El ataque fue, por tanto, de penetración, continuación y juego interior. El FTr de 30,6 lo confirma, y el reparto de esos tiros libres revela aún más, porque llegan desde posiciones distintas. Maledon acabó 6/6 desde la línea, Campazzo 5/6, Damian Jones 2/4, Alberto Abalde 2/2, Gabriel Deck 1/2 y Pradilla 1/2. No es un equipo que presione el aro desde una única ubicación.

Esta distribución es significativa porque muestra que la presión sobre la defensa proviene de múltiples puntos. No hay un único generador de ventajas, sino un sistema donde diferentes jugadores atacan la pintura y generan contacto.

Campazzo y Maledon: 32 puntos y 12 asistencias

El dúo de bases no solo distribuye. Maledon firmó 17 puntos, siete asistencias, un perfecto 6/6 en tiros libres y 23 de valoración; Campazzo aportó 15 puntos y cinco asistencias. Entre los dos sumaron 32 puntos, 12 asistencias y once tiros libres. Este último número es el que más información proporciona: los bases no juegan el bloqueo directo únicamente para pasar, sino que atacan la ventaja, llegan a la pintura y obligan a la defensa a decidir con contacto físico. Maledon, en particular, combina anotación y creación en una proporción que lo convierte en la pieza central del ataque.

Dos interiores con perfiles complementarios

En la pintura, el Madrid dispone de dos perfiles que no se asemejan. Damian Jones realizó 8 puntos con un perfecto 3/3 en tiros de dos y cuatro tiros libres en apenas 15:48, mostrando el rendimiento típico de un interior que recibe el balón pegado al aro y finaliza en vertical. Walter Tavares tuvo una noche menos fina en ataque —2/5 en dos, cuatro puntos— pero capturó once rebotes, tres de ellos ofensivos, y puso dos tapones. Su influencia pasa por otro lado: tamaño, rebote y presencia disuasoria.

Las combinaciones Campazzo o Maledon con Tavares o Jones son, por tanto, el esqueleto del juego de bloqueo directo del equipo, con dos acabados distintos a elegir según el momento. Cuando se necesita finalización en vertical, Jones está disponible. Cuando importa el rebote y la presencia física, Tavares es la solución.

El rebote ofensivo como salvavidas

Aquí reside el rasgo más definitorio del desempeño madrileño. El equipo acabó con 13 rebotes ofensivos y 29 defensivos, 42 en total, y un 34,2% de rebote ofensivo. Recupera, aproximadamente, uno de cada tres tiros que falla. Es exactamente lo que permitió ganar un partido con un 23% en triples. El reparto tampoco depende de un único jugador: Tavares cogió once rebotes, Deck ocho —seis de ellos defensivos, lo que facilita salir corriendo después—, Luwawu-Cabarrot cinco y Pradilla tres.

Dicho en términos de identidad: es un equipo que quiere terminar las posesiones físicamente. Si falla, pelea la segunda oportunidad. Este comportamiento es la red de seguridad que permitió al Madrid ganar pese a la ineficiencia desde el perímetro.

El cuidado del balón sostiene también esta producción ofensiva. Un 11,9% de pérdidas —once en todo el partido— es bajo para un equipo que juega a 76,5 posesiones, porque el ritmo alto suele traer consigo errores. Las veinte asistencias dejan un AST% del 60,6%: seis de cada diez canastas llegan después de un pase. No es un equipo atado al uno contra uno. Hay creación individual de Campazzo y Maledon, pero la intención parece ser crear la ventaja y mover el balón a partir de ella.

El triple como consecuencia, no como propósito

El 3PAr se queda en el 36,1%: poco más de un tercio de sus tiros de campo fueron triples, una proporción que no es elevada para el baloncesto contemporáneo. Los lanzamientos estuvieron repartidos —seis de Luwawu-Cabarrot, cinco de Campazzo, cuatro de Pradilla, tres de Abalde, tres de Deck, dos de Maledon—, lo que apunta a tiros que nacen de una ventaja previa más que a un ataque construido alrededor de la línea de tres. El problema del partido no fue generarlos. Fue meterlos.

Este dato es relevante porque demuestra que el Madrid no busca forzar el triple como punto de partida. Los lanzamientos desde fuera llegan cuando el ataque ha creado ventaja, no como solución inicial. Cuando esos tiros empiecen a entrar con mayor consistencia, la producción ofensiva será aún más peligrosa.

Lo que sí deja el estreno es una pista clara sobre dónde quiere vivir este Madrid: en el ritmo, en la penetración, en la línea de tiros libres y en el rebote ofensivo. El perímetro, cuando llegue, sumará. En la capital confiarán en que esos 26 triples lanzados empiecen a entrar con mayor frecuencia en los próximos encuentros de la competición.