Allen Iverson habla de su triste final de carrera: "Cometí un suicidio profesional"
El exescolta de los Philadelphia 76ers admite que su orgullo le impidió aceptar un papel secundario en la NBA y condicionó el final de su carrera. Tras abandonar Memphis y regresar brevemente a Philadelphia, probó suerte en Turquía, aunque una lesión puso fin a su aventura antes de lo previsto.
Una leyenda de la NBA que se quedó sin la despedida deseada
La historia de la NBA no se entiende sin figuras tan influyentes y controvertidas como Allen Iverson. El mítico escolta de los Philadelphia 76ers fue uno de los jugadores exteriores más determinantes de su generación. Su capacidad anotadora lo convirtió en una amenaza constante para sus rivales, pese a su estatura. A lo largo de su carrera, lideró la liga en anotación en cuatro ocasiones, conquistó el premio al MVP en 2001 y disputó las Finales de la NBA. También fue incluido en el equipo del 75.º aniversario de la competición.
Sin embargo, su trayectoria en la liga terminó de manera abrupta en 2010. En febrero de aquel año, Iverson puso fin a su segunda etapa en Philadelphia, adonde había regresado con un contrato no garantizado después de rescindir su vínculo con los Memphis Grizzlies a principios de temporada.
El escolta no volvió a disputar ningún partido en la NBA. Meses después, en octubre de 2010, sorprendió al anunciar su fichaje por el Besiktas turco, con un contrato de cuatro millones de dólares por dos temporadas.
Su aventura en Turquía terminó antes de tiempo
A sus 35 años, Iverson aterrizó en Estambul convertido en un auténtico ídolo. Su llegada despertó una enorme expectación, pero su etapa en el Besiktas duró menos de lo previsto.
En enero de 2011, una lesión en la pantorrilla derecha que requería cirugía llevó a ambas partes a acordar la rescisión del contrato. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en uno de los episodios que más marcaron el desenlace de su carrera profesional.
El propio Iverson repasó recientemente su paso por el baloncesto turco en el pódcast The Underground Lounge, presentado por Lou Williams, también exjugador de la NBA. Durante la conversación, reconoció que su ego tuvo un papel decisivo en la imposibilidad de despedirse de la competición estadounidense como le habría gustado. Incluso calificó su decisión de marcharse al Besiktas como un «suicidio profesional».
«Creo que me di cuenta incluso antes de ir allí, a Turquía, y durante el viaje de que había cometido un suicidio profesional», confesó.
El orgullo de no aceptar un papel desde el banquillo
Iverson explicó que era consciente de que sus decisiones podían perjudicarle, pero le costaba aceptar que tendría que volver a demostrar su valía en la NBA. Según relató, varios equipos se habían interesado por él, aunque le advertían de que tendría que comenzar los partidos como suplente.
Esa posibilidad ya había generado su descontento durante su breve etapa en Memphis, donde solo disputó tres encuentros antes de marcharse.
«Lo sabía, por las decisiones que estaba tomando. Era como si no aceptara el hecho de que tenía que volver a demostrar mi valía. Muchos equipos hablaban de ficharme, pero ya me decían que saldría desde el banquillo», recordó.
El exescolta admitió que su percepción de sí mismo le impidió afrontar aquella situación de otra manera. Consideraba que todavía podía ser el mejor jugador de su posición dentro de un equipo y no estaba dispuesto a asumir un rol secundario.
«Quiero decir, estoy bien. En el training camp... sé que no van a tener un escolta mejor que yo en su equipo. Pensaba así, en lugar de decir: “Bueno, simplemente tráiganme”. Creo que cometí un suicidio profesional al dejar claro que tenía un problema con salir desde el banquillo. Y eso fue mi ego. Eso fue mi orgullo. En toda mi vida, nunca hice eso. No era lo mío», reconoció.
Sus palabras reflejan el conflicto que vivió en la recta final de su trayectoria: la dificultad para aceptar un papel diferente al que había desempeñado durante sus mejores años en la NBA.
Su retirada y el reconocimiento de Philadelphia
Después de rechazar varias ofertas para continuar jugando en ligas de menor nivel e incluso en la liga de desarrollo, Iverson anunció definitivamente su retirada en 2013.
Aunque no pudo despedirse de las pistas de la NBA como habría deseado, los Philadelphia 76ers le rindieron homenaje con uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un jugador de una franquicia. En 2014, el equipo retiró su dorsal número 3 y lo elevó hasta lo más alto de su pabellón, consagrando su condición de leyenda de Philadelphia.
Dos años después, en 2016, se hizo oficial su ingreso en el Basketball Hall of Fame, un reconocimiento definitivo a la trayectoria de uno de los escoltas más influyentes de su generación.