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La tecnología alarga los partidos de baloncesto

El videoarbitraje ha mejorado la justicia deportiva en el baloncesto, pero también ha incrementado significativamente la duración de los encuentros. La Liga Endesa registra una media de 1 hora y 56 minutos por partido, mientras que la Euroliga alcanza casi las 2 horas, generando un dilema entre transparencia y consumo inmediato.

La tecnología alarga los partidos de baloncesto

Vivimos en una época donde el tiempo es un recurso escaso. Las nuevas generaciones demandan entretenimiento ágil y directo, sin pausas innecesarias. El deporte profesional no es ajeno a esta realidad y las competiciones debaten constantemente sobre cómo adaptar sus formatos a esta nueva mentalidad. El ejemplo más evidente lo encontramos en el tenis, donde la Copa Davis transformó su estructura clásica de eliminatorias maratonianas por un sistema concentrado que resuelve todo más rápidamente, aunque no siempre ha convencido a los aficionados tradicionales.

En este contexto, el baloncesto se encuentra en una encrucijada particular. El deporte ha sido pionero en la implementación de tecnología para mejorar las decisiones arbitrales, pero esta innovación ha traído consigo una consecuencia inesperada: el alargamiento de los encuentros justo cuando más se busca atraer audiencias mediante eventos cortos e impactantes.

Dos décadas de videoarbitraje en el baloncesto

El videoarbitraje llegó al baloncesto español hace ya veinte años. Concretamente, en la Copa del Rey de 2006 se empleó por primera vez el sistema de 'Instant Replay', aunque con capacidades muy limitadas comparadas con la tecnología actual. Desde entonces, el sistema se ha expandido a la Euroliga y las competiciones FIBA, convirtiéndose en una herramienta indispensable en cualquier partido profesional.

Hoy resulta inimaginable un encuentro de élite donde los árbitros no puedan recurrir a las imágenes en momentos determinantes. De hecho, en la próxima temporada el apoyo del vídeo llegará también a la Primera FEB y la Liga Femenina Endesa, extendiendo aún más este sistema que nadie cuestiona en términos de justicia deportiva. El baloncesto, como deporte inherentemente vanguardista, fue uno de los primeros en atreverse con esta revolución tecnológica, seguido por el tenis con su famoso 'Ojo de Halcón' y, finalmente, incluso el fútbol, que fue más reticente a adoptar estas medidas.

Los números del alargamiento: de la excepción a la norma

Hace una década, ver un partido de baloncesto europeo que superase las dos horas de duración era prácticamente una rareza. Hoy, esa situación se ha convertido en la norma. Casi cualquier encuentro bordea o supera esa barrera temporal, una transformación que refleja directamente el impacto del videoarbitraje en la estructura de los partidos.

Según datos oficiales proporcionados por la ACB, la media de duración de los encuentros de la Liga Endesa en la última temporada ha sido de 1 hora y 56 minutos, cifra que incluye prórrogas e incidencias. En la Euroliga, los números son aún más elevados, alcanzando 1 hora, 58 minutos y 18 segundos de media. Estos registros demuestran que el fenómeno no es puntual, sino estructural.

Sin embargo, las revisiones en sí mismas no son el principal culpable de esta dilatación. La duración media de cada revisión se sitúa algo por encima de los 50 segundos tanto en Euroliga como en Liga Endesa. Más relevante es el dato global: en la Liga Endesa, el tiempo total invertido en ver vídeo durante la última temporada fue inferior a tres minutos de media, lo que representa una reducción del 11% respecto al curso anterior gracias a los últimos cambios normativos implementados.

Comparativa de revisiones entre competiciones

La densidad de revisiones varía significativamente según la competición. En la campaña recién finalizada, la Euroliga registró una media de 3,5 revisiones por encuentro, muy similar a las 3,4 de la Liga Endesa. La FIBA Champions League, por su parte, presenta cifras considerablemente menores con 1,68 revisiones por duelo. Estas diferencias reflejan distintos criterios y niveles de exigencia en la aplicación del videoarbitraje.

Un dato histórico resulta especialmente revelador: en la temporada 2023-24, la Liga Endesa alcanzó un pico de 3,96 revisiones por partido, disparado por el excesivo número de peticiones de los entrenadores para corregir el reloj de partido o de posesión. Esta situación llevó a la Asociación a establecer una normativa más restrictiva, determinando que estas revisiones solo podían realizarse bajo criterio arbitral, nunca más solicitadas desde los banquillos.

El dilema entre justicia y entretenimiento

El videoarbitraje ha mejorado indudablemente la justicia deportiva. Nadie discute que el uso de las imágenes permite tomar decisiones más acertadas, aunque en un deporte como el baloncesto siempre existirá un componente subjetivo en determinadas acciones que hará que la decisión final sea humana. Pero esta mejora ha llegado con un precio: la duración de los encuentros.

La paradoja es evidente: justo cuando el deporte busca adaptarse a una era de consumo inmediato y entretenimiento acelerado, la implementación de tecnología para garantizar la transparencia y la justicia prolonga los partidos. Las competiciones intentan resolver este dilema con medidas variopintas. La ACB, por ejemplo, instauró hace dos temporadas un saque rápido que ha sido bien recibido por aficionados, entrenadores y jugadores procedentes de otras competiciones.

Sin embargo, estos esfuerzos por dinamizar el juego chocan con otro objetivo: aumentar la transparencia en las decisiones arbitrales. Los debates sobre las revisiones se visibilizan en la competición española desde hace dos temporadas, un hecho que en FIBA lleva ya un lustro sucediendo. Esta mayor transparencia hace los encuentros más atractivos para la televisión, pero puede ir en contra de la reducción de duración.

El legado del escándalo de 2019

La sombra del pasado sigue presente. El escándalo de la final de Copa del Rey de 2019, con aquel controvertido 'no-tapón' de Anthony Randolph, dejó una huella profunda. Como consecuencia, en la competición ACB existe una norma según la cual durante el último minuto, los árbitros están obligados a revisar todas las cámaras disponibles, incluso si la decisión parece obvia al primer vistazo. Esta medida, aunque garantiza la máxima justicia en momentos críticos, contribuye al alargamiento de los encuentros.

Desafíos normativos y cambios reglamentarios

Los últimos cambios reglamentarios en ACB y Euroliga van destinados a restar poder de decisión a los entrenadores, limitando su capacidad de solicitar revisiones en algunas situaciones del juego. Los datos muestran que en la última temporada, el 51% de las revisiones de Euroliga fueron challenges de los entrenadores, la misma cifra que en la Liga Endesa, aunque en la FIBA Champions League alcanzó el 54%.

Curiosamente, las tendencias divergen. En Euroliga, el porcentaje de challenges ha bajado (53% en 2023-24 a 52% en 2024-25), mientras que en FIBA sigue al alza (51% en 2023-24 a 53% en 2024-25). Estos movimientos reflejan cómo cada competición intenta encontrar su propio equilibrio.

Más allá del videoarbitraje, existen otros factores que alargan los partidos y resultan más difíciles de controlar normativamente. El excesivo número de cambios, especialmente en los minutos finales, es uno de los principales culpables. Los entrenadores aprovechan estas situaciones para reorganizar sus equipos, generando pausas que se suman a la duración total del encuentro.

El debate sigue abierto en las mesas de decisión del baloncesto internacional. No es fácil aunar dinamismo con transparencia y justicia en la toma de decisiones. El uso de la tecnología no puede ni debe dar marcha atrás, pues ha mejorado significativamente la calidad de las decisiones arbitrales. Sin embargo, es necesario encontrar el punto justo donde la búsqueda de la perfección no genere hastío en el espectador.

Las competiciones muestran buenas intenciones en esta línea, implementando cambios normativos y reducciones porcentuales en el tiempo de revisión, como demuestra el 11% de disminución en la Liga Endesa. Pero aún queda mucho trabajo por hacer para seguir vendiendo de la mejor forma posible un juego complejísimo de arbitrar, cuya evolución física es incesante en una época donde casi todo se consume de forma instantánea. Cuadrar este círculo nunca fue un asunto sencillo, y el baloncesto continúa buscando la fórmula perfecta.