Hasta el mejor paseo por la playa llega a las rocas, pero es que esta playa ha estado plagada de guijarros durante toda la travesía. Doc Rivers se ha convertido en un entrenador legendario en la NBA y las siete temporadas pasadas en Los Angeles Clippers hacen que su nombre no se pueda vincular solamente a Boston Celtics. El proceso renovador del patito feo de Los Angeles pasó por darle las llaves de la ciudad a un hombre que supo construir un proyecto ganador en Massachussets, pero que no encontró la fluidez para hacerlo en la costa oeste. Batió el récord de la franquicia en temporada regular en la 2013/14, nada más aterrizar, con 57 triunfos, lo que hacía presagiar grandes éxitos, pero todo ha sido un sí pero no.
Chris Paul y Blake Griffin empezaron siendo sus puntales, una dupla que aseguró el espectáculo, pero que nunca pudo dar ese paso necesario para luchar por el título. Derrotados dos años consecutivos en semifinales de Conferencia Oeste, el propietario, Balmer, tuvo paciencia y otorgó a Rivers la posibilidad de crear algo a largo plazo a partir de las cenizas de ese proyecto. Se rodeó de jugadores carismáticos, como Lou Williams, imprimió un carácter aguerrido a su equipo, que traspasó límites por momentos convirtiéndose en los Bad Boys de la NBA actual y siempre buscó esa química de equipo y signos de identidad que hicieron que el rendimiento de todos subiera al albur de una gran estrella.
La paciencia se acababa después de cuatro temporadas sin ser competitivos, cayendo en primera ronda de playoffs en tres de ellas, y los fichajes de Kawhi Leonard y Paul George mandaban una señal clara a Doc: ahora o nunca. Salió nunca. La eliminación ante Denver Nuggets fue un fracaso difícil de asumir y colmó la paciencia de una franquicia que asiste desesperada al resurgimiento de Los Angeles Lakers, sin que ellos hayan podido aprovechar el letargo de los de púrpura y amarillo durante un decenio. En este banquillo, Doc se convirtió en el primer hombre en entrenar a su hijo, Austin Rivers, pero no se convertirá en el primero en ganar un anillo con los Clippers.
El futuro de ambos es difuso, aunque parece que el despedido tendrá más margen de maniobra que los que despiden. Doc Rivers ya ha recibido ofertas de otros equipos deseosos de armar un proyecto en torno a su sabiduría del juego, mientras que Los Angeles Clippers se enfrentan a la necesidad de retener el mismo bloque ha fracasado de manera estrepitosa esta temporada o buscar una renovación total de la mano de un nuevo entrenador que intente aprovechar a las grandes estrellas dotándolas de otro ecosistema diferente. Habrá que estar muy atentos los movimientos de ambos en el mercado porque la NBA puede sufrir cambios importantes.