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El mercado NBA se acelera: 17 cambios de dueño en doce años
Desde la compra de los Clippers por Steve Ballmer en 2014, la NBA ha registrado 17 operaciones de cambio de control en 14 de sus 30 franquicias. El ritmo se ha acelerado dramáticamente en los últimos dos años, con seis ventas cerradas entre 2025 y 2026, incluidos los Lakers batiendo su propio récord mundial en apenas doce meses.
La noticia ya no es que se venda una franquicia NBA, sino la velocidad vertiginosa con la que cambian de propietario. Desde 2014, cuando Steve Ballmer adquirió los Clippers por 2.000 millones, casi la mitad de la liga ha pasado a nuevas manos. Para entender la magnitud del cambio, basta comparar dos períodos: entre la compra de los Lakers por Jerry Buss en 1979 y la de Ballmer se registraron 26 operaciones a lo largo de treinta y cinco años. De las 43 ventas totales en ese lapso, cerca del 40% se concentra en los últimos doce años. El mercado no solo se ha acelerado; se ha transformado en una máquina de transacciones sin precedentes.
Entre 2025 y 2026, el fenómeno alcanza su máxima expresión. Seis operaciones se han cerrado en apenas dos años, con franquicias cambiando de dueño en temporadas consecutivas. Los Lakers ejemplifican esta vorágine: pasaron de la familia Buss a Mark Walter por 10.000 millones en 2025, y apenas un año después fueron vendidos al grupo de Josh Kushner y Bob Iger por 12.500 millones. Los Timberwolves siguieron un patrón similar, transitando de Marc Lore y Alex Rodríguez (1.500 millones en 2025) a Marc Stad (4.500 millones en 2026). A este ritmo se suman Boston, vendido por 6.100 millones, y Portland, por 4.250.
Los Lakers: el termómetro del nuevo mercado
Ninguna operación ilustra mejor la transformación del mercado que la doble venta de los Lakers. La franquicia que la familia Buss compró por apenas 67,5 millones en 1979 y convirtió en marca global con once campeonatos batió en 2025 el récord de cualquier propiedad deportiva estadounidense. Pero ese récord, aparentemente inquebrantable, duró apenas un año. La operación Kushner-Iger, pendiente aún del consejo de gobernadores de mediados de septiembre, elevó el listón a 12.500 millones y demostró que en este mercado hasta lo extraordinario pierde vigencia rápidamente.
El caso de Boston añade matices reveladores. No se trata de una franquicia en dificultades, sino del campeón de 2024. Bill Chisholm tomó el control por 6.100 millones de un equipo que Boston Basketball Partners había adquirido por solo 360 millones en 2002. Esta revalorización de más del 1.600% es una de las mayores de la historia de la liga. El punto de partida de toda esta era, la compra de Ballmer en 2014, siguió un guion similar: sus 2.000 millones, en plena caída de Donald Sterling, casi cuadruplicaban el récord anterior y fueron recibidos con escepticismo. Hoy, con el Intuit Dome en pie y la franquicia multiplicada en valor, aquella operación se lee como la primera señal del precio real de entrada al negocio.
Quién compra y cómo ha cambiado el perfil del propietario
Las ventas millonarias existían antes. Los Knicks se vendieron por 1.100 millones en 1997; Denver, por 450 millones en 2000. Pero eran hitos aislados, no un patrón sistemático. La diferencia actual radica en la frecuencia y la escala. Brooklyn pasó de 200 millones en 2010 a 3.500 en 2019; Phoenix, de 401 en 2004 a 4.000 en 2023. Los números no solo crecen; lo hacen de forma exponencial.
Más relevante aún es la transformación del perfil del comprador. El propietario clásico era un empresario multimillonario que adquiría el equipo como activo de prestigio y vínculo emocional con su ciudad. El nuevo comprador procede del mundo financiero: grupos de inversión, magnates tecnológicos y consorcios capaces de reunir miles de millones sin necesidad de fortuna personal. Bill Chisholm llegó a Boston respaldado por una estructura de inversores; Tom Dundon suma los Blazers a una cartera deportiva que ya incluye los Carolina Hurricanes de la NHL; Bob Iger, criado como aficionado de los Knicks, compra los Lakers junto a Josh Kushner, radicado en Nueva York.
La propia NBA abrió esta puerta en 2021, permitiendo la entrada de fondos de capital privado en participaciones minoritarias cuando ya escaseaban los individuos capaces de firmar estos cheques. El atractivo para el inversor es evidente: solo existen treinta equipos, los ingresos audiovisuales garantizan un suelo de rentabilidad, los nuevos contratos de televisión y streaming elevan el techo de ingresos y el mercado internacional sigue expandiéndose. Escasez más crecimiento: la fórmula que el capital nunca ignora.
Las oportunidades de salida para los propietarios veteranos
Para los propietarios históricos, la consecuencia es una ventana de salida irrepetible. Marc Lasry compró los Bucks con Wesley Edens por 550 millones en 2014 y salió con una valoración de 3.500 millones; una ganancia de más del 500%. Michael Jordan pagó 275 millones por la mayoría de Charlotte en 2010 y la vendió tasada en 3.000 millones en 2023, multiplicando su inversión más de diez veces.
La pregunta incómoda que Europa debe hacerse ya
El interrogante de fondo trasciende los números. No se trata solo de cuánto vale una franquicia, sino de qué significa que sus propietarios sean cada vez más inversores financieros. El dinero financia pabellones, plantillas y estructuras; pero un fondo que contempla el equipo como parte de una cartera diversificada puede priorizar el retorno económico sobre la relación histórica con el baloncesto y su cultura.
Esta pregunta cruza el Atlántico con fecha concreta. La EuroLeague acaba de anunciar su modelo de franquicias con ofertas vinculantes de casi 700 millones de euros por las nuevas plazas. Europa está importando exactamente este sistema en su fase inicial, cuando los cánones parecen caros y potencialmente insostenibles. Dentro de una década, es probable que esas cifras se lean como los 2.000 millones de Ballmer: la ganga que nadie supo identificar en el momento.
La transformación del mercado de franquicias NBA no es una anomalía pasajera, sino la manifestación de un cambio estructural profundo. La combinación de escasez de activos, crecimiento de ingresos y entrada de capital institucional ha creado un ciclo de revalorización sin precedentes. Los Lakers, vendidos dos veces en doce meses con un incremento de 2.500 millones, no son la excepción: son el espejo en el que se refleja el futuro del deporte profesional.