La Euroliga en formato tradicional no tiene cabida en tiempos de COVID-19

La salud debe primar sobre el baloncesto y se está demostrando que no es lógico mantener el calendario tradicional con constantes viajes y contagios por doquier.

La Euroliga 2020/21 debe suspenderse. Foto: gettyimages
La Euroliga 2020/21 debe suspenderse. Foto: gettyimages

Una cosa es apostar fuerte por algo y explorar todas las opciones disponibles, y otra muy distinta es incurrir en un comportamiento irresponsable. La Euroliga, dirigida por Jordi Bertomeu, está haciendo malabares entre la fina línea que separa ambas cosas y, con ello, poniendo en riesgo la salud de jugadores y cuerpos técnicos. El despropósito se cierne sobre una competición mal concebida desde el inicio, que ni siquiera fue capaz de organizar una burbuja para poner fin a la pasada temporada y no se ha molestado en explorar opciones que vayan más allá del calendario tradicional. Un calendario que, en circunstancias normales, ya es ambicioso por la elevada carga de partidos y viajes, pero que resulta un auténtico despropósito en estos momentos tan dramáticos en los que Europa está sumida, con restricciones radicales por la segunda ola del coronavirus.

¿En qué piensan los dirigentes de la máxima competición europea de baloncesto? ¿Qué pretenden con un calendario de 32 jornadas y 16 plantillas al completo viajando semana sí y semana también por todo el continente? Era evidente que sería imposible controlar los contagios y la proliferación de los mismos ha llevado a Bertomeu y secuaces a cambiar la política de cancelaciones de partidos sobre la marcha, estableciendo que se recuperarán todos los encuentros que se hayan suspendido porque algún equipo no haya podido presentar más de 7 jugadores. El caso es que cada jornada hay más conjuntos que se ven sacudidos por el avance galopante del virus y hacen inviable el desarrollo de la competición.

Por si esto fuera poco, es preciso recordar que todos los conjuntos de la Euroliga están disputando sus ligas domésticas, con el peligro de contagio que ello acarrea después de tantos viajes y la posibilidad de que el virus no dé la cara. Al final, la Euroliga no solo va a ser inviable en sí misma, sino que va a imposibilitar que los campeonatos nacionales se saquen adelante. ¿Cómo puede el baloncesto y las autoridades sanitarias permitir este libre albedrío?

Pero no es el único despropósito. El hecho de que haya estadios que pueden acoger público en las gradas y otros muchos que no, introduce un matiz de injusticia competitiva que no es asumible en un torneo tan igualado e importante. O todos o ninguno. Ante este panorama, ha llegado el momento de dar un paso atrás y rectificar antes de que sea demasiado tarde. Hay muchas opciones para retomar la competición en un formato reducido, en una burbuja como la de la NBA o la planteada por la ACB el pasado año. El invierno será muy duro en Europa y sería un despropósito que continuaran los viajes mientras millones de personas están confinadas en sus zonas de residencia. Ha llegado el momento de actuar.

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