En ocasiones conviene hacer un ejercicio de imaginación, teorizando sobre cómo se recordará a algunas personas del presente. Cuando se piensa en Gregg Popovich, resulta inabarcable imaginar el aura de leyenda con que todos recordaremos a un entrenador vital para la historia del baloncesto. Carismático como el que más, el cinco veces campeón con San Antonio Spurs y creador de una de las dinastías más espectaculares, longevas y representativas del deporte mundial, sigue ilusionado a sus 72 años y demostrando que tiene mucho que aportar. Quizá no tenga un equipo aspirante al anillo, pero sigue dejando su impronta en forma de baloncesto combinativo de calidad y, sobre todo, exprimiendo a jugadores de rango medio que elevan su nivel a estatus impensables para ellos en otras circunstancias.
Después de que la pasada temporada se cortara una racha histórica de presencias en playoffs del equipo, que se prolongaba dos décadas, muchos eran los que pensaban que Popovich podría contemplar una retirada, abriendo paso a una nueva etapa de reconstrucción. Sin embargo, el mítico técnico confió en los mimbres que tenía y se fue muy satisfecho con los brotes verdes apreciados en la burbuja de Orlando. Quizá DeMar DeRozan y LaMarcus Aldridge ya no sean estrellas dominantes, pero en un ecosistema como el de Spurs, con jugadores de gran inteligencia en cancha y talento como Derrick White, Paty Mills y el renacido Dejounte Murray, pueden buscar perpetuarse en la élite.
Gregg Popovich lleva en el banquillo de San Antonio Spurs desde 1996
Conseguir un puesto en playoffs de la Conferencia Oeste está muy caro, pero San Antonio Spurs parece haberse consolidado plenamente en la batalla, con un balance de 16-11 y la sensación de que son un equipo temible en temporada regular. Quizá falten mimbres para luchar por cosas importantes en la postemporada, pero la gestión del equipo de Gregg Popovich y esos intangibles que transfiere a todos los miembros de la plantilla, les hacen un equipo sólido en el que todos reman en la misma dirección. No es plato de buen gusto para nadie esta campaña medirse a un equipo con un ritmo de juego pausado, pero las ideas muy claras de lo que quiere hacer en cada momento.