Julius Randle es uno de esos genios incomprendidos que tienen la misma probabilidad de hacer ganar campeonatos que de fastidiar todo un proyecto deportivo. Lo saben bien en New York Knicks y cada vez parecen más convencidos de la idoneidad de desprenderse de él, pero mantienen una postura conservadora para que su caché no se resienta.
Hay que tomar decisiones valientes para poder optar a la gloria y eso es lo que están dispuestos a hacer en la gerencia de New York Knicks. Lo sucedido el pasado año, con un equipo capaz de crear una cultura e identidad propias sin la necesidad de contar con Julius Randle, hace que se confíe en que el ala-pívot es totalmente prescindible. Si bien es cierto que algunos abogan por probar su encaje en el equipo ahora que está Mikal Bridges y hay una solvencia colectiva, sigue percibiéndose a Randle como un talento desequilibrante, pero también en el peor sentido de la palabra.
Díscolo, egoísta, falto de inteligencia táctica y con una tendencia evidente a la precipitación en la toma de decisiones y la displicencia defensiva, lo ideal para New York Knicks sería prescindir de sus servicios. No van a tener prisa, sino que mantendrán una actitud de pasividad hasta que se haga evidente que pueden sacar cosas importantes a cambio de su jugadora. Parece probable, incluso, que empiecen la temporada con él y tomen decisiosnes a medida que ésta avanza.