Parecían imbatibles y ahora lucen como un equipo endeble. Oklahoma City Thunder está imbuido en una espiral negativa desde hace unas cuantas semanas, en las que han ganado solo 6 de los 11 partidos disputados, perdiendo fuelle completamente en su anhelo por batir el récord de triunfos en una temporada NBA y evidenciando dudas en su baloncesto.
En una competición tan exigente como la NBA no se puede ganar siempre con el escudo ni intangibles, y cualquier relajación se paga cara. Oklahoma City Thunder ganó 24 de sus 25 primeros partidos, erigiéndose en una máquina perfecta que devoraba rivales con asombrosa facilidad. Sin embargo, todo se desmoronó desde que los Spurs los eliminaron de la NBA Cup, poniendo de manifiesto que cerrándose mucho en defensa, presionando a toda canch a Shai y dejando la responsabilidad a los secundarios, se los podía frenar.
Las dos causas principales del bajón colectivo de Oklahoma City Thunder no es otro que la displicencia defensiva que están teniendo, fruto de la desconfianza por los malos porcentajes en lanzamientos triples. Lo que sucede en ataque no debería influir en el rendimiento defensivo, pero lo está haciendo. Wallace y Caruso están lejos del nivel mostrado en el primer tramo del curso, Shai ha perdido algo de magia por las defensas férreas de sus rivales y se echa mucho en falta a Hartenstein, cuya baja ha supuesto un caos en el juego interior del equipo.