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Hapoel Tel Aviv refuerza su proyecto con diez fichajes

El Hapoel Tel Aviv, tras completar su primer curso en la EuroLeague con un sexto puesto y una victoria ante el Real Madrid en playoffs, no desmonta su estructura. En su lugar, la expande con diez incorporaciones y una estrategia de contratos a largo plazo que alcanza hasta 2030, consolidando un proyecto pensado para competir en dos frentes.

Hapoel Tel Aviv refuerza su proyecto con diez fichajes

El Hapoel Tel Aviv vivió una temporada atípica en su debut europeo. Obligado a disputar la mayoría de sus partidos como local fuera de Israel—once encuentros en Sofía, cuatro en Botevgrad y uno en Jerusalén—, apenas cinco se jugaron en su pabellón de Tel Aviv. A pesar de estas adversidades logísticas, el equipo cerró con 23 victorias y 15 derrotas, terminó sexto entre veinte participantes y se clasificó directo para cuartos de final. En la ronda de playoff cayó 3-1 ante el Real Madrid, aunque logró llevarse el tercer partido de la serie.

Esa primera experiencia dejó lecciones valiosas. Con una media de asistencia por debajo de los 5.000 espectadores en los encuentros disputados en Bulgaria, pocos equipos han competido en peores condiciones y han alcanzado los seis primeros. Elijah Bryant fue el emblema del proyecto: incluido en el mejor quinteto de la EuroLeague, promedió 19,6 puntos y fue el segundo mejor valorado de la competición. En paralelo, el Hapoel dominó la liga israelí con un balance de 22-4 en fase regular, aunque perdió la final contra el Maccabi.

Cambios en la plantilla: lo que se va y lo que llega

La estructura no se desmorona. Siete jugadores salen, pero ninguno obliga a replantearse el proyecto. La marcha más relevante es la de Johnathan Motley, el pívot que fue la piedra angular del equipo y que se traslada al Estrella Roja, donde también recala el base Chris Jones. Le acompañan Yam Madar hacia el Maccabi, Kessler Edwards a la Virtus Bolonia, Collin Malcolm al Anadolu Efes, Levi Randolph al Nagasaki Velca japonés y Keandre Cook al Aliaga Petkim.

En contrapartida, diez incorporaciones llegan para reforzar cada línea. El fichaje de mayor relevancia es el de Tomas Satoransky, que abandona el Barcelona después de tres temporadas para acompañar y relevar a Vasilije Micic en la dirección de juego. Junto a él llegan Tamir Blatt, base internacional israelí procedente del Maccabi, y Khadeen Carrington desde el Hapoel Jerusalem. El perímetro se completa con Eugene German, que proviene de los Indios de Mayagüez, Frederic Bourdillon desde el Bnei Herzliya y Max Heidegger tras una campaña en la liga israelí.

En el juego interior, Zach LeDay aterriza desde el Olimpia Milán con amplia experiencia en el máximo nivel europeo. Bruno Caboclo aporta centímetros desde el Dubái. Desde la NBA llegan el alero Amir Coffey, procedente de Phoenix, y el ala-pívot Jacob Toppin. La estrategia es clara: no se trata de una reinvención, sino de un equipo que dobla cada puesto para gestionar mejor la carga.

La apuesta a largo plazo: contratos hasta 2030

Aquí reside la diferencia real respecto a otros proyectos del verano europeo. El Hapoel no renueva a sus jugadores por un año: los ata a largo plazo. Elijah Bryant firma hasta 2029, al igual que Antonio Blakeney, Dan Oturu y Tai Odiase. El capitán Tomer Ginat amplía su vinculación hasta 2030. Micic tiene contrato hasta 2028. Permanecen también Ish Wainright, Tyler Ennis, Bar Timor, Yiftach Ziv, Guy Palatin, Oz Blayzer e Itay Segev. En el banquillo continúa Dimitris Itoudis, quien llegó en noviembre de 2024 y mantiene su acuerdo vigente.

Esta decisión de blindar la plantilla con compromisos plurianuales refleja la convicción del club de Ofer Yannay en su proyecto. No es una apuesta de corto plazo, sino una estructura pensada para competir de forma sostenida en la EuroLeague mientras compite en dos frentes simultáneamente.

Los desafíos de una plantilla de veintitrés fichas

La nómina es enorme. Con veintitrés jugadores, el Hapoel ha construido un equipo pensado para que la liga israelí no desgaste a sus piezas clave de la EuroLeague. Sin embargo, esta amplitud también plantea problemas de gestión. Dimitris Itoudis tendrá que explicar cada semana a cuatro o cinco jugadores por qué no entran en la convocatoria, una tarea que no es precisamente el fuerte del técnico griego, conocido por su temperamento en los momentos tensos.

En la pintura, la salida de Motley se cubre con la llegada de LeDay y Caboclo, mientras que Oturu, Odiase y Segev permanecen. Hay centímetros disponibles, pero el cinco titular es la posición menos definida del equipo. Varios de esos aleros altos, especialmente Wainright, acabarán jugando de cuatro por necesidad.

La dirección de juego presenta otra complejidad. Micic y Satoransky son dos generadores de primer nivel que requieren el balón en sus manos. Con Bryant y Blakeney buscando tiro y LeDay reclamando posesiones en el poste alto, el reparto no es automático. Puede producirse un ataque excelente o un equipo con demasiadas jerarquías que se pise mutuamente.

Perspectivas para la próxima temporada

El Hapoel ya ha demostrado lo difícil: que su primer curso en la EuroLeague no fue una casualidad. Ahora comienza lo complicado: repetir. La plantilla es más profunda que la del curso anterior, mantiene la columna vertebral intacta y cuenta con un entrenador que conoce el proyecto desde adentro. Volver a playoffs es un objetivo razonable, y si Micic y Satoransky encajan como se espera, el rango alto de la clasificación está a su alcance.

Lo que aún no parece este equipo es candidato a Final Four. Le falta ese jugador capaz de ganar un partido en solitario en mayo. Pero el club lleva dos veranos demostrando que sabe esperar, y los contratos hasta 2029 y 2030 dicen exactamente eso: esto es solo el principio de una historia más larga.

Un aspecto pendiente es dónde jugará sus partidos como local. El año pasado ese fue su mayor desgaste, y aun así logró terminar sexto. Resolver esa incógnita será clave para que el proyecto avance sin fricción en la próxima campaña.