Kyle Guy regresa a Tenerife tras un año sabático
Kyle Guy vuelve a La Laguna Tenerife después de retirarse en 2024 a los 26 años. El tirador estadounidense, quien marcó 34 puntos al Barcelona en su penúltimo partido, cumple su promesa a Nico Richotti y retoma su carrera en el baloncesto europeo.
El regreso de Kyle Guy a Tenerife representa uno de los movimientos más significativos del mercado actual. Tras abandonar la competición hace poco más de un año por problemas personales y una pérdida temporal de pasión por el deporte, el tirador estadounidense ha decidido reiniciar su trayectoria en el equipo canario, donde ya vivió una breve pero intensa etapa anterior que dejó huella. Su historia es la de un atleta que ha experimentado tanto el éxito como el fracaso, la obsesión por el baloncesto y, paradójicamente, el desamor temporal hacia él.
La trayectoria de Guy en este último año ha sido tan variada como reveladora sobre su carácter y sus prioridades. Cuando abandonó la competición en 2024, no fue por razones deportivas, sino por circunstancias familiares que le obligaron a replantearse su relación con el juego. Durante los meses posteriores a su retirada, recibió la visita de Nico Richotti en Orlando, cuando Guy estaba compitiendo en la G League. En esa conversación, el base español le preguntó si quería regresar, y Guy respondió con honestidad: aún no, pero si algún día volvía a Europa, Tenerife sería su primera opción. Fue una promesa que, con el tiempo, ha cumplido.
De la pausa a la preparación: el camino hacia el regreso
La decisión de retirarse en 2024 no fue impulsiva ni superficial. Guy ha explicado que enfrentó problemas familiares significativos, particularmente durante los embarazos de su esposa, mientras su familia no estaba cerca. En ese contexto, perdió la pasión que siempre lo había definido como competidor. Sin embargo, su respeto por el baloncesto fue lo que le llevó a tomar la decisión más difícil: apartarse temporalmente en lugar de continuar sin estar completamente comprometido mentalmente. «Nunca quiero faltarle al respeto a este deporte y jugar si mentalmente no estoy al cien por cien», aseguró. Ese año de descanso fue exactamente lo que necesitaba para recuperar el fuego interior que lo caracteriza.
Durante ese período de pausa, Guy no quedó inactivo. Planeaba entrenar con Tony Bennett, el técnico que lo había preparado en Virginia, con la idea incluso de explorar la carrera de entrenador principal. Posteriormente, se trasladó a Nevada para aprender de Steve Alford, otro entrenador de renombre incluido en el Hall of Fame. Fue durante su estancia en Nevada cuando recibió una llamada inesperada: los Indiana Pacers le ofrecían un contrato Exhibit 10, una oportunidad para volver a la NBA. Esa llamada fue el catalizador que encendió nuevamente su deseo de competir. Aunque la experiencia con los Pacers no resultó como esperaba, el impulso de regresar al baloncesto de élite ya estaba en marcha.
El trabajo detrás de la confianza en el tiro
Uno de los aspectos más fascinantes de la personalidad de Guy es su relación con el tiro. Él mismo se define como el mejor tirador de Europa, pero es consciente de que esa afirmación no surge de la arrogancia, sino del trabajo incesante. «Yo creo que soy el mejor tirador de Europa, y voy a seguir comportándome como tal. Pero no es que un día me despertara y pensara eso. No. Me lo he trabajado», explica con claridad. Su mentalidad ante el fallo es particularmente reveladora: en los entrenamientos se frustra cuando falla consecutivamente, pero en los partidos esa presión desaparece. Si falla diez tiros seguidos, no le importa, porque sabe que si mete uno, podría meter los diez siguientes, y eso beneficia a su equipo.
Esta confianza no es ciega. Guy reconoce que hay cosas que puede hacer que otros tiradores no pueden, como su capacidad para lanzar en desequilibrio. Además, se enorgullece de su resistencia física, su juego defensivo y su liderazgo. Todo eso es resultado de años de trabajo dedicado. Su viaje hacia convertirse en un tirador de élite comenzó en su infancia en Indiana, donde su primer amor fue el fútbol americano. Era quarterback, posición que le permitía tener el balón constantemente. Sin embargo, no crecía al ritmo adecuado para el fútbol, así que a los 13 años recibió una oferta de una escuela de División II para jugar baloncesto. Fue entonces cuando decidió enfocarse completamente en el nuevo deporte.
Inicialmente, Guy era un mal tirador. Hasta los 14 años no dominaba esta habilidad, pero comenzó a trabajar en ella con dedicación obsesiva. Alrededor de los 15 o 16 años ya se consideraba un tirador de élite, aunque reconoce que parte de su facilidad proviene de lo que él llama «un don de Dios». Incluso llegó a tirar con ambas manos antes de especializarse en una sola. El progreso fue gradual, pero constante, alimentado por su naturaleza obsesiva, que él mismo considera una fortaleza.
El retorno a La Laguna: ambiente, compañeros y nuevos desafíos
La razón por la que Guy eligió Tenerife para su regreso a Europa es emotiva y racional a la vez. Durante su primera etapa en el equipo, apenas estuvo cinco meses, pero sintió un vínculo especial con la isla, el club y sus personas. Cuando Nico Richotti le preguntó en Orlando si quería volver, Guy le prometió que si algún día regresaba a Europa, haría lo posible por regresar a Tenerife. Esa promesa se ha cumplido, y él mismo lo expresa con cierta incredulidad: «Se alinearon todos los astros y aquí estamos».
Uno de los aspectos que más le sorprende es la posibilidad de jugar nuevamente con Marcelinho Huertas. Cuando se fue en 2024, no imaginaba que volvería a compartir equipo con el veterano base portugués. Huertas, quien suma edades con dos jóvenes jugadores del equipo sin superarlas, sigue jugando a un nivel que Guy describe como de MVP. Para un tirador como Guy, tener a un base como Marcelinho es ideal: «¡Genial, porque le gusta pasarme el balón!», bromea. Pero más allá del humor, Guy aprende constantemente de él, no solo por lo que le dice, sino por cómo juega. Le encanta compartir equipo con gente de alto coeficiente intelectual baloncestístico, experimentados y que sean buenas personas.
El equipo también cuenta con otros jugadores de nivel internacional como Shermadini, Doornekamp y Abromaitis, lo que proporciona un entorno de aprendizaje constante. Guy ha señalado que hay muchísimo que aprender de estos competidores que han jugado al más alto nivel. Además, el nuevo entrenador, Jaka Lakovic, ha demostrado ser alguien que se preocupa genuinamente por sus jugadores como personas, algo que fue determinante para que Guy aceptara la propuesta. Aunque Txus Vidorreta ya no está en el banquillo, Lakovic mantiene esa filosofía de cuidado integral del jugador. Guy destaca que ambos entrenadores son muy inteligentes, aunque con enfoques ligeramente diferentes: mientras que Txus le daba mucha libertad, Jaka proporciona una estructura táctica clara pero permite que los jugadores elijan sus oportunidades.
La mentalidad de un competidor que regresa
El regreso de Guy a Tenerife no es simplemente un cambio de aires o una solución a corto plazo. Es el resultado de un proceso reflexivo donde ha explorado otras posibilidades, como la de convertirse en entrenador, pero ha confirmado que su verdadera pasión está en la cancha como jugador. Durante su año sabático, trabajó como parte del equipo de entrenamiento de los Pacers, ayudando en la preparación de partidos, pero nunca realizó entrenamientos específicos de baloncesto. Cuando supo que tendría la oportunidad de volver a competir, dedicó cuatro semanas a entrenar dos veces al día para recuperar la forma física y estar preparado.
Su mentalidad ahora es clara: su único objetivo está en la cancha. Aunque en algún momento consideró seriamente la posibilidad de ser entrenador principal, reconoce que su cabeza va de un lado para otro y que hay muchas cosas que quiere conseguir en la vida. Por ahora, todo su enfoque está en demostrar que sigue siendo uno de los mejores tiradores de Europa, algo que, como ha dejado claro, no es una declaración vacía sino el resultado de años de trabajo dedicado y de una obsesión controlada por mejorar constantemente. En Tenerife, con Marcelinho, bajo la dirección de Jaka Lakovic y rodeado de competidores de élite, Guy tiene el escenario perfecto para escribir el siguiente capítulo de su carrera.