Corrales: el base que desafió el baloncesto de los 90
Iván Corrales fue una rara avis en una época dominada por el juego lento y controlado. Nacido en Plasencia, emigró a Cataluña para forjar una carrera donde el juego rápido, los pases imposibles y la expresividad fueron sus señas de identidad. Pasó por Sant Adrià y Joventut, llegó a la selección española y tuvo que luchar constantemente para mantener fiel su estilo.
No era el típico base de los años 90, cuando el baloncesto control y las posesiones largas cotizaban al alza. Iván Corrales fue un jugador atípico que tuvo que luchar demasiado para mantenerse fiel a su estilo. Nacido en Plasencia (Cáceres) el 12 de julio de 1974, muy pronto emigró a Cataluña con su familia. Tras su paso por los dos clubes de su vida, el Sant Adrià y Joventut, comenzó a abrirse hueco entre los grandes bases nacionales de la época, llegando a ser internacional con la selección española a finales de los noventa.
Los primeros pasos en Sant Adrià
Corrales comenzó a jugar al baloncesto con apenas 4 o 5 años en la Escola Betsaida. Allí, gracias a la familia de Joan Plaza, se organizó un club donde el joven extremeño aprendió a expresarse libremente en la cancha. Ese fue el primer impulso para desarrollar su estilo único: pases por detrás de la espalda, por debajo de las piernas, juego rápido y celebraciones que luego le caracterizarían. Joan Plaza fue clave en esa libertad inicial, permitiendo que los niños crearan cosas diferentes mientras pedía efectividad.
A los 15 o 16 años fichó por la Penya, donde coincidió con entrenadores fundamentales como Jordi Cairó y técnicos de trabajo individual como Miquel Nolis y Randy Knowles. Estos profesionales entendieron su personalidad fuerte y su carácter rebelde, en lugar de coartarlo. Miquel Nolis llegó a reconocer años después que Corrales cambió su forma de ver a los jugadores con ese perfil. La cantera del Joventut, considerada la mejor de España, pulió sus habilidades técnicas mientras preservaba su esencia.
El debut profesional y Zeljko Obradovic
En la temporada 92/93, Corrales debutó con el primer equipo del Joventut bajo las órdenes de Lolo Sainz. Su primer partido fue contra la Cibona en Liga Europea el 25 de noviembre de 1993, fecha que coincidió exactamente cinco años después con su debut en la selección española. Ese mismo día, en la ACB, metió su primera canasta contra Estudiantes robando un balón en el medio campo.
La llegada de Zeljko Obradovic en la 93/94 supuso un cambio brutal. El entrenador serbio, que había sido uno de los mejores bases de Yugoslavia, traía una filosofía diferente: exigencia máxima, entrenamientos duros y un baloncesto más táctico y defensivo. Para un equipo acostumbrado a jugar a 90 puntos sin forzar, pasar a partidos de 60 puntos fue complicado. Sin embargo, Obradovic sabía preparar los partidos importantes. En Tel Aviv, durante la Final Four de la Liga Europea, el equipo estuvo más distendido que en Estambul dos años antes. Corrales recuerda que jugaban al pilla-pilla en los entrenamientos y visitaron un zoo la mañana de la final. Eso permitía que el grupo estuviera menos tensionado.
El entrenador también fue exigente hasta la dureza. Una vez echó a Corrales del entrenamiento por una supuesta conversación con César Sanmartín durante un ejercicio. Otra ocasión, cuando el joven base protestó por una falta, Obradovic lo cogió del lado de los abdominales y lo condenó a 50 vueltas al campo. A pesar de todo, Corrales estaba en el primer equipo, era su sueño hecho realidad, y habría hecho cualquier cosa que le pidiera.
Campeón de Europa y lucha por su estilo
El Joventut ganó la Liga Europea en 1995, el primer equipo catalán en conseguirlo. Corrales formó parte de ese equipo histórico, aunque no jugó en la final. Recuerda vívidamente cómo llevaba la copa en el aeropuerto de Tel Aviv mientras aficionados griegos del Olympiacos y Panathinaikos querían tocarse fotos con ella. También cuenta la anécdota de cómo casi olvidan la copa en el avión al llegar a Barcelona.
Tras ganar la Liga Europea, Corrales pasó dos temporadas en Fuenlabrada (1994-1996), su primer viaje lejos de casa. Fue duro al principio, pero aprendió mucho. Regresó al Joventut de la mano de Alfred Julbe en 1996/97, una figura importantísima en su carrera. Con Julbe recuperó esa libertad de expresión que había tenido de pequeño. Julbe lo describía como «un rompedor de partidos que fue aprendiendo a hacer cada vez más cosas», alguien con un juego imaginativo, dinámico y rápido que necesitaba complementar con solidez defensiva y trabajo físico.
Entrenar con Andre Turner, uno de los mejores bases extranjeros de la liga, fue determinante. Corrales solo veía la camiseta de Turner por detrás, pero esa exigencia diaria lo obligó a subir de nivel. Con Julbe y Turner, Corrales pasó de ser un base eléctrico a alguien que sabía dirigir un equipo, controlar el tiempo de juego y tomar decisiones más sólidas.
Selección española y carrera posterior
Gracias a esas temporadas en el Joventut, Corrales fue convocado para el Europeo de 1999 en Francia, donde compartía puesto con Nacho Rodilla y Nacho Rodríguez. Lolo Sainz, que ya lo había tenido en el Joventut, buscaba un base diferente para la selección, y Corrales encajaba perfectamente en ese perfil. España consiguió la medalla de plata, un logro meritorio tras años de sequía competitiva.
Fichó por el Caja San Fernando en 1999/2000 tras acabar contrato en la Penya. Raúl López, una «locomotora» de talento, llegaba para ocupar el puesto de base. Aunque le dolió partir, Corrales reconoce que la decisión fue acertada. En Sevilla aprendió un baloncesto más defensivo y táctico con Imbroda, complementando su juego eléctrico con control y dirección.
Su carrera prosiguió en Cantabria Lobos (donde descendió), Italia con Avellino, TAU en Vitoria (bajo Dusko Ivanovic, con exigencia similar a la de Zeljko), Tenerife y Valladolid. En Valladolid consiguió el título de máximo asistente de la ACB, un reconocimiento que valoraba especialmente porque reflejaba su filosofía: un base que vive para hacer felices a sus compañeros con buenas asistencias. Terminó su carrera en Burgos en LEB Oro y Alcázar de San Juan.
Hoy, Corrales sigue vinculado al baloncesto. Es presidente del Unió Bàsquet Sant Adrià, que gestiona 22 equipos de formación, y colabora en las retransmisiones del Joventut en Ràdio Ciutat de Badalona. Su relación con el baloncesto es profunda: fue un base que tuvo que luchar por mantener su estilo en una época que no lo entendía, pero que finalmente dejó su marca en la historia del baloncesto español.