Los adjetivos se acaban para poder calificar la grandeza de un jugador como Lebron James, tanto como los argumentos racionales que sus detractores pueden emplear para banalizar sus hazañas. El 23 de Los Angeles Lakers afrontará la que será su décima comparecencia en unas Finales NBA, una cifra que le sitúa en el olimpo de los dioses de este deporte. Tan solo es preciso mencionar que, con ese dato, ha alcanzado en sus 17 años como profesional más finales que 27 franquicias de la liga en toda su historia. Iguala a Kareem Abdul-Jabbar, cuya eficacia fue mayor ya que se hizo con 6 anillos, y tiene tan solo por delante a Bill Russell, que de las 12 que alcanzó, ganó la friolera de 11. Pero un competidor como Lebron no está hecho para hablar de presencias en finales, sino de opciones de ganar una más y hacer historia.
Que un solo hombre haya sido capaz de sumar tres anillos, coincidiendo con una de las franquicias más dominadoras de la historia, como han sido los Golden State Warriors del último lustro, supone una clara demostración de su nivel, pero que haya sido capaz de construir tres proyectos ganadores en tres lugares distintos, es mucho más impresionante. Lo hizo en Miami Heat junto a Dwyane Wade y Chris Bosh, asumió el protagonismo volviendo a casa para dar un título a Cleveland Cavaliers y, ahora, busca la proeza de igualar lo que solo dos hombres han conseguido en la historia de la liga: ganar un anillo con tres franquicias diferentes.
John Salley lo hizo como Bad Boy con los Detroit Pistons (1989 y 1990), aprovechando la recta final de la era dorada de Chicago Bulls de Michael Jordan (1996) y acogiéndose al proyecto ganador de Los Angeles Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O´Neal, volviendo de la retirada anunciada poco antes para darse un último homenaje. En ninguno de los tres clubes fue una pieza fundamental, sino que desempeñó un rol muy específico con el que labró una gran carrera.
El otro privilegiado es Robert Horry, ese extraño elemento, como decía el añorado Andrés Montes. El legendario jugador de rotación capaz de procrastinar todo un año hasta que llegaban los partidos decisivos, donde se jugaba posesiones clave, triunfó con Houston Rockets (1994 y 1995), Los Angeles Lakers (2000, 2001 y 2002) y San Antonio Spurs (2005 y 2007). Formó parte de tres de las mejores plantillas de toda la historia de esta liga y dejó su sello, no tanto a nivel estadístico, sino de capacidad competitiva y poder de decisión en momentos clave.
Aparte de estos dos ejemplos, ninguna gran estrella de la NBA ha sido capaz de salir de su zona de confort en varias ocasiones para ofrecer un legado a tres ciudades diferentes, con las que hacer historia en esta liga. Lebron James está a un paso de conseguirlo en estas Finales NBA 2020, en lo que supondría un hecho determinante en la posición que ocuparía como jugador en la mente de muchos. La posibilidad de cerrar el círculo y devolver la gloria a Los Angeles Lakers es más latente que nunca.