Tom Thibodeau es una de esas figuras que suscita opiniones muy opuestas entre sí y tiene tantos defensores como detractores. No se puede negar que ha hecho un trabajo exquisito en la construcción de estos New York Knicks, pero hay un sentimiento generalizado respecto a que sus equipos acaban agotados.
Es bien nacido ser agradecido, como suele decirse en el refranero, y eso es lo que han hecho los New York Knicks al ofrecer un contrato de extensión por tres años a su entrenador, Tom Thibodeau. Realmente, ha sido algo más que eso, erigiéndose en el gran arquitecto de un proyecto deportivo que lleva su sello. Jugadores leales a su estilo, dureza defensiva, confianza máxima en sus estrellas, revalorización de jugadores secundarios y, sobre todo, una carga de minutos desaforada para aquellos que forman parte de su particular guardia pretoriana.
Ahora la franquicia parece que puede optar a la gloria, dando ese salto cualitativo que tanto se le reclama y que podrían conseugir con el fichaje de Mikal Bridges. Faltan cosas por apuntillar, pero lo cierto es que Tom Thibodeau no es un entrenador especialmente querido entre los jugadores de la NBA. Será importante que convenza a todos ellos de sus particulares métodos si no quiere que los jugadores acaben exhaustos y sean incapaces de dar ese paso definitivo hacia el anillo.