Nadie puede poner en duda que la NBA es una de las mejores competiciones deportivas de todo el mundo y atesora virtudes inimaginables e imposibles de aplicar en otras disciplinas. Sin embargo, uno de los problemas estructurales más acusados y contra el que se quiere luchar, vivirá unos meses muy palpables esta temporada, como es el tanking.
Dejarse ganar o intentar perder. Exprésenlo como quieran, pero lo cierto es que es una idea inconcebible en cualquier otro evento de este calado. Si bien es cierto que la implantación del play-in ha aminorado esa tendencia, el contexto de la temporada actual hace que, a estas alturas del curso, haya ya ocho equipos que, sin rubor alguno, van a intentar perder partidos, en maniobras que desvirtúan la competición y obligan a que le NBA se replantee las cosas.
Utah Jazz no deja jugar a sus estrellas en el último cuarto, Indiana Pacers necesita asegurarse llegar a la lotería con las máximas opciones posibles del top-4, para mantener su pick, Washington Wizards y Brooklyn Nets quieren dar continuidad a sus procesos de reconstrucción, mientras que Memphis Grizzlies se ve abocado a empezar uno, siendo su única esperanza a corto plazo uno de los primeros picks del próximo Draft. También New Orleans Pelicans, Dallas Mavericks y Sacramento Kings miran ya al futuro con el único anhelo de presente consistente en perder partidos.