El tanking, la práctica de perder partidos de manera deliberada para mejorar la posición en el draft, ha sido un tema recurrente en la NBA durante más de una década. Equipos que se encuentran fuera de los playoffs muchas veces priorizan la adquisición de futuras selecciones y el desarrollo de jóvenes talentos sobre la competitividad en los partidos restantes de la temporada. Esta estrategia, aunque comprensible desde el punto de vista de la gestión deportiva, genera críticas tanto de aficionados como de jugadores, ya que afecta la emoción de los encuentros y la integridad de la competición.
Para hacer frente a este problema, Richard Jefferson, exjugador de la NBA y actualmente analista de NBA Courtside, propuso un enfoque inspirado en un sistema usado en el fútbol. Según Jefferson, “una vez que estás eliminado de los playoffs, deberías recibir puntos adicionales por los partidos que ganas. Por ejemplo, si quedan 10 partidos y pierdes todos, tu porcentaje de conseguir una mejor posición en el draft sería más bajo. Pero si ganas 6 de esos 10, eso demuestra que estás intentando competir, y esas victorias acercan tu porcentaje a una mejor selección. Las victorias te recompensan por esforzarte hasta el final.”
La idea central de Jefferson es sencilla pero efectiva: premiar la competitividad incluso para los equipos que ya no tienen posibilidades de playoffs. Actualmente, el sistema de lotería del draft en la NBA otorga mayores probabilidades a los equipos con peor récord de temporada, lo que, sin incentivos adicionales, puede incentivar el tanking. Bajo la propuesta de Jefferson, los equipos que sigan compitiendo y logren victorias tras quedar eliminados tendrían un pequeño aumento en sus probabilidades de obtener una mejor selección, mientras que aquellos que pierdan sistemáticamente verían reducido su porcentaje. En otras palabras, se recompensaría el esfuerzo y la intención de ganar, y se desincentivaría la estrategia de perder a propósito.
¿Qué ocurriría con el tanking?
Implementar un sistema así podría tener varios efectos positivos. Primero, los partidos de equipos eliminados serían más competitivos, mejorando la experiencia para los aficionados y la transmisión televisiva. Segundo, los jugadores jóvenes tendrían la oportunidad de enfrentarse a situaciones de presión más reales, en lugar de jugar en encuentros donde el resultado no importa. Por último, se alinearía la ética deportiva con los incentivos del draft: ganar y competir siempre tendría un valor, y perder por estrategia dejaría de ser una ventaja automática.
Aunque todavía no se han propuesto cambios oficiales en la NBA que sigan exactamente este modelo, la conversación sobre cómo reducir el tanking sigue activa entre analistas, ejecutivos y exjugadores. La propuesta de Jefferson abre una vía interesante al combinar ideas de otras disciplinas deportivas con las particularidades de la NBA, buscando un equilibrio entre el desarrollo de talentos jóvenes y la competitividad que define la liga.