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ANÁLISIS | Así se convirtieron los Knicks en un equipo campeón

Increíble trabajo desde los despachos de Leon Rose a golpe de fichaje exagerado tras fichaje exagerado que acabó dando resultado

Los New York Knicks, campeones de la NBA 2025/26.

Los New York Knicks rompieron en 2026 una sequía de 53 años sin conquistar el anillo de la NBA. Lo hicieron contra muchos pronósticos, después de una temporada en la que no figuraban entre los máximos favoritos y tras completar unos playoffs memorables. Sin embargo, detrás de ese éxito no hubo un golpe de suerte ni una decisión aislada. La construcción del campeón fue el resultado de años de trabajo, paciencia y una estrategia ejecutada con precisión por la dirección deportiva encabezada por Leon Rose.

Cuando comenzó este proyecto, los Knicks estaban muy lejos de la élite. La franquicia pasó de ser un equipo de apenas 17 victorias a convertirse en campeona de la NBA gracias a una acumulación constante de pequeñas ventajas. Cada movimiento, cada elección en el draft, cada traspaso y cada apuesta por el desarrollo de jugadores fue sumando piezas hasta formar una plantilla capaz de llegar a la cima.

Uno de los grandes aciertos de la organización fue identificar el potencial de Jalen Brunson cuando todavía no era considerado una superestrella. El base se convirtió en el eje del proyecto y tomó una decisión clave para el futuro de la franquicia al renunciar a más de 100 millones de dólares en ganancias inmediatas para facilitar la construcción de una plantilla más competitiva. A su alrededor, los Knicks reunieron a varios de sus antiguos compañeros de Villanova, jugadores que encajaron perfectamente tanto en la pista como en la cultura que quería implantar el equipo.

La paciencia también fue fundamental. Nueva York evitó movimientos impulsivos en momentos decisivos. La franquicia decidió no utilizar los activos que más tarde servirían para conseguir a OG Anunoby en una operación por Donovan Mitchell. Tampoco sacrificó elecciones de primera ronda en el intercambio por Anunoby, lo que permitió posteriormente emplearlas para incorporar a Mikal Bridges.

Del mismo modo, los Knicks resistieron la tentación de lanzarse a por figuras como Joel Embiid o Giannis Antetokounmpo. Aunque ambos representaban nombres de enorme impacto, habrían obligado a modificar profundamente la estructura ofensiva del equipo. La dirección deportiva prefirió mantener la identidad construida alrededor de Brunson y seguir confiando en la evolución del grupo.

La clave: Brunson confirmado como estrella

Pero saber esperar no fue la única virtud. También supieron acelerar cuando el momento era el adecuado. Tras confirmar que Brunson podía liderar una franquicia aspirante al título, la organización apostó definitivamente por él. Más tarde llegó la decisión de traspasar a RJ Barrett e Immanuel Quickley para obtener a OG Anunoby, un movimiento que transformó la defensa y elevó el techo competitivo del equipo.

Posteriormente, los Knicks entregaron cinco elecciones de primera ronda para conseguir a Bridges. La operación fue cuestionada durante mucho tiempo, especialmente cuando el alero atravesó momentos irregulares. Sin embargo, durante los playoffs de 2026 demostró por qué la franquicia había apostado tan fuerte por él, firmando el mejor baloncesto de su carrera en el momento más importante.

Otro paso decisivo fue la llegada de Karl-Anthony Towns. El pívot, número uno del draft de 2015, aceptó un rol más integrado en el sistema colectivo y completó los mejores meses de su trayectoria profesional durante la carrera hacia el campeonato. Su capacidad para abrir la pista y generar ventajas ofensivas encajó perfectamente con las necesidades del equipo.

Incluso después de alcanzar las Finales de la Conferencia Este, la directiva siguió tomando decisiones valientes. Tras la eliminación frente a Indiana Pacers, los Knicks evitaron desmontar la plantilla, pero sí realizaron un cambio drástico en el banquillo. Tom Thibodeau, el entrenador que había devuelto la relevancia a la franquicia, fue despedido. Su sustituto, Mike Brown, logró extraer el máximo rendimiento de una plantilla que ya estaba preparada para dar el salto definitivo.

La historia de este campeonato también refleja la importancia de encontrar talento donde otros no lo ven. Aunque Towns, Bridges y Jeremy Sochan fueron elecciones de lotería, gran parte del núcleo campeón llegó a la NBA lejos de los focos. Brunson fue elegido en el puesto 33 del draft. Mitchell Robinson y Miles McBride fueron seleccionados en la segunda ronda. Josh Hart cerró la primera ronda con el número 30. Otros jugadores importantes incluso llegaron como agentes libres no seleccionados.

Mike Brown: el golpe definitivo

Todos compartían un rasgo común: habían sido infravalorados en algún momento de sus carreras. Esa mentalidad terminó convirtiéndose en una seña de identidad del vestuario. Mike Brown destacó durante los playoffs que la capacidad para levantarse después de cada golpe definía la personalidad del grupo. Esa resiliencia quedó reflejada en innumerables momentos de la temporada y de las eliminatorias.

La unión interna fue otro de los pilares del éxito. Los jugadores desarrollaron una confianza absoluta entre ellos, algo que quedó patente en situaciones críticas de los playoffs. Cuando alguno cometía un error importante, el resto respondía inmediatamente apoyándole. Esa fortaleza emocional permitió al equipo superar momentos complicados y mantener la convicción incluso en los escenarios más adversos.

Al final, el campeonato de los Knicks no fue el resultado de una única gran decisión. Fue la consecuencia de años acumulando ventajas, acertando en operaciones aparentemente menores y manteniendo una visión clara del proyecto. La franquicia construyó un campeón pieza a pieza, demostrando que la paciencia, la planificación y la capacidad para identificar talento pueden acabar transformando una organización histórica en el mejor equipo de la NBA.