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Joventut campeón: dieciocho años de espera terminan

Raúl González - 22 sept 2026 | 20:09

El Joventut se proclama campeón de la Supercopa Endesa tras vencer en la final al Barcelona. La victoria en el Olímpic de Badalona rompe una sequía de dieciocho años sin títulos para el conjunto verdinegro, que disputó un torneo memorable frente a tres equipos de Euroliga.

Joventut campeón: dieciocho años de espera terminan

En el corazón de Badalona, donde el baloncesto trasciende lo deportivo para convertirse en identidad de barrio, el Joventut escribió una página de gloria este fin de semana. El conjunto verdinegro conquistó la Supercopa Endesa en un escenario cargado de historia: el Olímpic, pabellón que albergó al Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Aquella instalación volvió a ser testigo de una hazaña memorable, aunque en esta ocasión protagonizada por los locales.

La Penya llegaba al torneo como anfitrión con la responsabilidad de competir contra tres equipos procedentes de Euroliga. Una tarea que, sobre el papel, presentaba una dificultad considerable. Sin embargo, el equipo dirigido por Dani Miret demostró a lo largo del fin de semana una solidez y una cohesión que les permitió superar todos los obstáculos. Con dos grandes encuentros, el Joventut tejió un torneo prácticamente perfecto que culminó con el título.

La final contra Barcelona: dominio de principio a fin

En la final, el Joventut se enfrentó al Barcelona en un duelo que definió el destino de la Supercopa Endesa. Desde el primer minuto, el conjunto badalonés impuso su ritmo y su intensidad defensiva. Los azulgrana lucharon con determinación, pero sus esfuerzos no fueron suficientes para frenar el juego desplegado por la Penya. El dominio fue total, de principio a fin, permitiendo al Joventut levantar el trofeo tras dieciocho años sin conquistar un título de estas características.

Este triunfo representa mucho más que una victoria deportiva. Para Badalona, para sus calles y para cada aficionado verdinegro, el título de la Supercopa Endesa cierra un ciclo de espera y abre una nueva etapa de esperanza. La sequía de casi dos décadas quedaba atrás gracias a un equipo que supo canalizar toda la presión y la ilusión acumulada.

Laprovittola brilla, pero el éxito es colectivo

Nicolás Laprovittola fue reconocido como MVP del torneo, una distinción que reflejaba su desempeño estratosférico en los encuentros disputados. El base argentino fue determinante en los momentos clave, demostrando su capacidad para dirigir el juego y tomar decisiones acertadas bajo presión. Sin embargo, sería injusto reducir el éxito del Joventut a la actuación de un único jugador.

Ricky Rubio aportó su magia característica y su liderazgo en los momentos decisivos, especialmente en la recta final del torneo. Su presencia en la pista transmitía seguridad y experiencia a sus compañeros. Sulejmanovic realizó un trabajo sólido en la pintura, controlando el juego interior con inteligencia. Alex Reyes contribuyó con puntos importantes cuando el equipo los necesitaba, mientras que Ndiaye aportó energía defensiva y físico en ambas canastas.

Los triples de Cheetam y Ellis fueron cruciales en momentos determinantes, proporcionando espacios y opciones ofensivas que el Barcelona no pudo neutralizar completamente. La defensa de Nogués, por su parte, fue un factor clave en el control del ritmo del encuentro. Todos estos ingredientes, combinados bajo la dirección técnica de Dani Miret y su cuerpo técnico, crearon una estructura ganadora que funcionó como un reloj suizo.

Una celebración que trasciende el deporte

Cuando sonó la bocina final, la emoción desbordó los límites del pabellón. Dani Miret, entrenador y símbolo del proyecto, subió a las gradas con el trofeo en las manos. En ese momento, la barrera entre el equipo y la afición desapareció. Personas saltaban, reían, algunas incluso soltaban lágrimas de alegría. La comunión fue total, pura, auténtica. No era solo un técnico celebrando con sus aficionados; era Badalona entera reconociéndose en ese trofeo.

La cara de Ricky Rubio mientras disfrutaba de la celebración lo decía todo. No era solo la satisfacción de ganar un torneo; era la alegría de ser parte de algo más grande, de contribuir a llenar de orgullo a una ciudad que respira baloncesto en cada esquina. Ese momento, esa conexión emocional entre los jugadores y la grada, fue el verdadero premio.

Badalona vuelve a sonreír

A la mañana siguiente, las calles de Badalona se llenaron de camisetas verdinegras. Los aficionados las portaban con una sonrisa en el rostro, mostrando sin pudor su alegría. Dieciocho años de espera tienen ese efecto: hacen que un título sea mucho más que un título. Es la reafirmación de una identidad, el reconocimiento de que el esfuerzo y la fe tienen recompensa.

En Badalona no existe el Joventut sin la ciudad, ni la ciudad sin el Joventut. El baloncesto aquí es más que un deporte; es un sentimiento que permea cada rincón, que une a generaciones, que define a las personas. Este triunfo de la Penya en la Supercopa Endesa es, en esencia, el triunfo de ese sentimiento, de esa forma de vivir que caracteriza a los badaloneses. Y mientras las camisetas verdinegras ondeaban por las calles, quedaba claro que la gente de Badalona lo sabe muy bien.