Darius Acuff Jr. complica el futuro de Sabonis y LaVine: los Kings se enfrentan a un dilema
El rookie sigue tirándose hasta las zapatillas y los Kings ven desesperados cómo eso perjudica el valor comercial de Zach Lavine y Domantas Sabonis, a los que quieren traspasar.
Los Sacramento Kings han entregado las llaves de su ataque a Darius Acuff Jr., una decisión que está disparando las estadísticas del novato, pero que también plantea dudas sobre el futuro de sus dos grandes contratos. Domantas Sabonis y Zach LaVine cobran cerca de 50 millones de dólares cada uno esta temporada, y la franquicia necesita encontrar una salida para una plantilla que ha comenzado el curso con seis derrotas consecutivas. El problema es que el protagonismo de Acuff puede estar perjudicando el encaje de ambos veteranos y, con ello, las opciones de Sacramento de sacar partido a un posible traspaso.
Sabonis y Acuff: un encaje bajo sospecha
La información publicada por Sean Deveney, de Heavy.com, apunta a que Sabonis no estaría entusiasmado con la idea de compartir equipo con un base tan dominante con el balón como Acuff. Según esa versión, los Kings no tendrían intención de mantener al pívot a largo plazo y podrían buscarle una salida durante la temporada o el próximo verano. La posibilidad de traspasarlo, por tanto, no dependería únicamente de las ofertas que recibiera Sacramento, sino también de la dirección que la franquicia quiera dar a su reconstrucción.
Sin embargo, conviene tratar esa supuesta tensión con cautela. Otra información publicada el 2 de noviembre recoge que una fuente cercana al equipo negó que Sabonis estuviera incómodo con Acuff y aseguró que esa interpretación no podía estar más alejada de la realidad. Por ahora, no hay declaraciones públicas del pívot que permitan dar por confirmado un conflicto entre ambos.
Lo que sí resulta evidente es el desafío baloncestístico. Acuff promedia 26,3 puntos y 24 tiros de campo por partido, con un 39,6% de acierto, mientras que Sabonis registra 16 puntos, 15,8 rebotes y 7,3 asistencias. El rookie tiene el balón constantemente y asume una enorme responsabilidad anotadora; el pívot, en cambio, necesita participar en el juego desde el poste, el bloqueo directo y la creación. Hacer compatibles ambos perfiles exige una estructura ofensiva que todavía no parece consolidada.
Zach LaVine y Sabonis, dos contratos difíciles de colocar
La situación contractual de ambos complica todavía más el escenario. LaVine cobra 48,97 millones de dólares y termina contrato al final de la temporada, mientras que Sabonis percibe 45,47 millones este curso y tiene otros 48,61 millones garantizados para el siguiente. La diferencia es importante: el contrato de LaVine puede interesar a una franquicia que busque liberar salario a corto plazo, pero su elevado coste dificulta encontrar un equipo dispuesto a asumirlo.
El escolta está promediando 23,5 puntos con un 49,5% en tiros de campo en los primeros seis encuentros. Son cifras que pueden ayudarle a recuperar atractivo, aunque su 33,3% en triples y el tamaño de su salario siguen siendo obstáculos para encontrar un comprador. Sabonis ofrece un perfil diferente: los equipos que necesiten un pívot capaz de rebotear, pasar y finalizar cerca del aro pueden considerarlo una opción, pero conseguir una primera ronda a cambio parece una aspiración ambiciosa.
La apuesta por Acuff tiene sentido si Sacramento quiere descubrir si ha encontrado a su próximo referente. El riesgo aparece cuando esa apuesta reduce el valor de los jugadores que la franquicia necesita mover para reconstruirse. El problema no es que un novato tenga libertad, sino que los Kings todavía no han demostrado cómo convertir esa libertad en un sistema que beneficie al resto.
Si Acuff mejora su eficiencia y aprende a involucrar más a sus compañeros, su protagonismo podría terminar revalorizando a toda la plantilla. Si continúa acaparando posesiones sin que el equipo encuentre equilibrio, Sacramento podría llegar al mercado con dos veteranos caros y menos pretendientes de los que necesita. La reconstrucción de los Kings no exige frenar a Acuff, sino descubrir cuanto antes si puede liderar un proyecto en el que también haya sitio para los demás.