La trágica premonición de Pete Maravich

Unas rutinarias palabras de Pete Maravich allá por 1974 terminaron por transformarse en el presagio del trágico final de un jugador cuyo corazón se paró en 1988.

Pete Maravich / NBA
Pete Maravich / NBA

Pete Maravich. El 'pistolero', como le conocían habitualmente las temerosas defensas rivales por su pasmosa facilidad para desenfundar su muñeca, en un apodo ganado durante su etapa en el instituto. Un jugador que, más allá de sus notables habilidades anotadoras, revolucionó el deporte del baloncesto por sus diabluras con el balón, dando continuidad a un legado de 'entes superiores' que daría comienzo años atrás Bob Cousy.

Un auténtico genio que, sin embargo, contó con un número de detractores elevado aunque, por suerte para el mundo del baloncesto, similar al de los amantes de su virtuosismo y magia con el balón. Durante su carrera de diez años en la NBA, a Maravich no le dejó de perseguir 'su leyenda negra' particular, aquella que lo tachaba de un jugador perdedor e incapaz de liderar un equipo. Curiosamente, uno de las mayores, y más oscuras, anécdotas de su carrera nada tuvieron que ver con ello.

Durante una entrevista en 1974 para el Beaver County Times, momento en el que afrontaba su cuarta temporada en la NBA, Maravich firmó unas declaraciones intranscendentes en aquel momento pero que, más de cuatro décadas después, se convertirían en premonitorias. El, por aquel entonces, base de los Hawks, afirmó lo siguiente ante el periodista Andy Nuzzo: "No quiero tener una carrera de diez años en la NBA y terminar muriendo de un ataque de corazón a los 40."

Un 5 de enero de 1988, su corazón se detuvo durante un partido de exhibición. Tenía 40 años. Su carrera en la NBA duró, exactamente, una década. Años después del suceso, el propio Andy Nuzzo se reencontró con su artículo, dando un sobresalto de incredulidad. "El artículo estaba en mi mesa cuando fui a trabajar el miércoles", explicaría en una entrevista para Associated Press. "Lo leí. Lo volví a leer. Y así una y otra vez. No lo podía creer. Todo sucedió tal y como dijo. Reconozco que sentí un poco de miedo."

Por su parte, las últimas palabras que salieron de la boca de Maravich antes de morir no desprendieron temor alguno. "Me siento genial". Así son los genios.

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