Allen Iverson, Michael Jordan y cómo transformar la NBA

Con una mezcla particular de talento, descaro y rebeldía, Iverson marcó un antes y un después en la NBA y rellenó parcialmente el vacío dejado por la retirada de 'Air.'

Allen Iverson / NBA
Allen Iverson / NBA

Por momentos pareció que su figura nunca llegó a rebasar la línea que separa la ficción de la realidad.

Su carrera fue una auténtica montaña rusa repleta de hazañas memorables y desgarradoras instantáneas que permitieron definir su esencia en una mezcla inseparable que forjó su condición de icono cultural con tintes trágicos. Un título que siempre pertenecerá a Allen Iverson.

Una afirmación que ha tenido su máxima en su reciente nombramiento como componente del Hall Of Fame de la NBA junto a Shaquille O'Neal y Yao Ming, en una salón reservado para los más grandes de este deporte y que permitirá perdurar, aún más si cabe, su inconmensurable legado a la competición.

De Stephen Curry a Kevin Durant, pasando por LeBron James, Russell Westbrook o Derrick Rose, Iverson redefinió lo que significaba ser una estrella de la NBA.

Nacido en la pequeña ciudad de Hampton, The Answer vino al mundo tocado por la varita encargada de distinguir a los futuros jugadores llamados a hacer historia. Tras impresionar a todo el país durante su etapa en el instituto y convertirse en una auténtica estrella en Georgetown, el menudo jugador irrumpió con violencia en la NBA, conquistando el premio al Rookie del Año nada más aterrizar en la competición.

En los años 90, la liga perteneció abusivamente a Michael Jordan y la NBA de la mano de su principal icono y máximo exponente. Solo una década antes, Magic Johnson y Larry Bird fueron los encargados de cumplir el mismo y vital papel, más aún importante si cabe teniendo en cuenta la crisis que vivió la liga durante los años 70.

El corte elegante, ingenioso y descaradamente superior de Jordan convirtieron a la leyenda de los Bulls en la figura más popular del deporte mundial y su presencia elevó a la NBA a un status superior. No solo eran los aficionados los que querían ser 'Like Mike', sino que los propios jugadores intentaban emular las diabluras del genuino '23'.

Si bien esta tendencia continúa, la aparición de Iverson, designado por gran parte de la liga como el mejor jugador de la historia 'libra a libra', dio una magnitud aún mayor al concepto. Con sus apenas 183 centímetros de estatura, su endiablada velocidad y juego eléctrico cargado directamente desde su inconmensurable talento, su apariencia, plagada de trenzas, cadenas, tatuajes y pantalones anchos provocaron un boom sin precedentes.

Y, pese a que su condición de antítesis de Jordan, Iverson fue notablemente 'comercializable' y dotó a la liga del impulso tan necesario tras la retirada de 'Air'. El escolta se mantuvo fiel a sí mismo y su naturaleza rebelde en todo momento hasta el punto de poner de los nervios al propio comisionado David Stern, quien se 'vio obligado' a instaurar un código de vestimenta en la competición.

Todo el mundo recordará el descaro de Iverson y su crossover a Jordan, aunque lo realmente importante es que ambas estrellas estarán eternamente vinculados por sus respectivos legados más allá de las canchas.

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