Estamos ante una NBA extraña, de transición por las nuevas normas salariales que hacen que todo sea diferente. Los equipos mediocres y los jugadores se impusieron en las negociaciones y el resultado es cuanto menos discutible: el mercado NBA está muerto, los equipos se ven forzados a quitarse de en medio activos para no pagar impuestos de lujo en los famosos aprons que van a ser imposibles incluso para los más ricos y las estrellas ganan sueldos increíbles aunque no lo merezcan.
Es el caso de Devin Booker que acaba de extender su contrato con Phoenix Suns por 2 años y 145 millones de dólares. Una cifra récord por temporada: nadie había superado los 70 kilos por año y él lo va a hacer pese a que desde 2022 su rendimiento se ha venido abajo, si no en números, si en impacto, a importancia en la liga. Ha pasado de ser una de las estrellas más ilusionantes a una de las más decepcionantes. Pero así es la NBA de 2025. Para bien y para mal. Hay más pasta que nunca, pero la forma de repartirla es un poco extraña: Celtics y Pacers, con 2 proyectos trabajados e ilusionantes reciben 2 lesiones y tienen que tirarlo todo por la borda. Así es el nuevo convenio del admirado Adam Silver.