El inicio de la carrera NBA de Cooper Flagg tuvo este lunes una dura dosis de realidad. La joven estrella de los Dallas Mavericks, número uno del último draft, se topó con la intensidad y el nivel de los Oklahoma City Thunder, actuales campeones, que se impusieron 101-94 y dejaron al novato con una actuación para el olvido.
Shai Gilgeous-Alexander fue el mejor con 23 puntos. Chet Holmgren se quedó en 18 unidades y 11 rebotes e Isaiah Hartenstein aportó 16+12. En los Mavs, el mejor fue Anthony Davis con 26 puntos y 11 rebotes.
Flagg sufrió una lesión en el hombro izquierdo en la primera posesión del encuentro y, aunque continuó jugando, nunca logró encontrar su ritmo. Terminó con solo dos puntos (1 de 9 en tiros), dos rebotes y ninguna asistencia en 31 minutos. Una noche muy distinta a la anterior, cuando había brillado con 22 puntos frente a los Toronto Raptors en su primera victoria como profesional.
El joven de 18 años, con una venda térmica sobre el hombro durante buena parte del partido, explicó que el dolor apareció al disputar un rebote. “Vamos a hacer algunos estudios para asegurarnos de que todo esté bien, pero creo que solo está un poco adolorido. Hay que vigilarlo, poner hielo, hacer rehabilitación y debería estar listo”, señaló tras el encuentro.
Pese a su esfuerzo por continuar en pista, Flagg vivió otro momento poco habitual para él: ver el desenlace del partido desde el banquillo. Jason Kidd decidió sentarlo con más de ocho minutos por jugar y solo lo volvió a meter para un par de posesiones defensivas. “No era su noche”, explicó el técnico. “Somos un equipo, y el grupo que estaba en cancha nos dio la mejor opción de ganar”.
Noche complicada para Flagg
Flagg aceptó la decisión con madurez, consciente de que su rendimiento no había estado a la altura. “Nunca me había tocado estar fuera en un momento así, pero lo entiendo. Teníamos un grupo que estaba funcionando bien y yo no estaba impactando en el juego. Fue una decisión fácil para el entrenador”, reconoció.