El momento fue silencioso, íntimo y devastador. Trae Young conducía hacia el State Farm Arena el miércoles por la noche cuando comprendió lo inevitable: probablemente sería la última vez. Las emociones lo alcanzaron antes de llegar al estadio de Atlanta Hawks, y las lágrimas comenzaron a caer. El final de una era estaba a minutos de hacerse oficial.
Horas después, se confirmaría lo que ya sentía en el trayecto. Young, cuatro veces All-Star de la NBA y rostro de la franquicia durante casi una década, fue traspasado a los Washington Wizards. Un cambio que marca el cierre definitivo de su capítulo en Atlanta y el inicio de una nueva etapa en una organización en plena reconstrucción.
“Me impactó mientras conducía hacia el estadio”, confesó Young a Andscape desde el Capital One Arena el viernes por la noche, antes del partido de Washington ante New Orleans. “Sabía que podía pasar esa noche o en cualquier momento del día. Había hablado con mi agente. Empecé a llorar porque entendí que probablemente sería la última vez que hacía ese recorrido”.
Aunque estaba fuera por lesión, Young decidió presentarse en la cancha antes del partido. No participó en la práctica de tiro, pero lanzó algunos balones, intercambió palabras con el personal y absorbió el momento. Fue su forma de despedirse.
“Sabía que era la última vez que estaría allí”, explicó. “Por eso salí a tirar. Probablemente nadie lo esperaba. Fue mi manera de decir que se había terminado… y que estaba bien con eso”.
Mientras los Hawks vencían a los Pelicans esa noche, la noticia del traspaso se conocía en tiempo real. Young abandonó el estadio por última vez como jugador de Atlanta, dejando atrás una etapa histórica.

Seleccionado como quinta elección global del Draft de 2018, Young disputó 493 partidos de temporada regular con los Hawks, promediando 25.2 puntos, 3.5 rebotes y 9.8 asistencias. Se convirtió en el líder histórico de la franquicia en triples y asistencias, y su mayor logro llegó en 2021, cuando guió a Atlanta hasta las Finales de la Conferencia Este.
Esta temporada, antes de lesionarse, Young promediaba 19.3 puntos y 8.9 asistencias en 10 partidos, aunque se perdió seis encuentros consecutivos debido a una contusión en el cuádriceps derecho y un esguince del ligamento colateral medial de la rodilla derecha.
Young se encuentra en el cuarto año de un contrato máximo de cinco temporadas y 215 millones de dólares, que incluye una opción de jugador de 49 millones para la próxima campaña. Atlanta decidió no ofrecerle una extensión antes del traspaso, una señal clara de que la relación había llegado a su límite competitivo.
El traspaso se concretó oficialmente el viernes: los Wizards adquirieron a Young a cambio de CJ McCollum y Corey Kispert. Para una franquicia joven, en reconstrucción y con un récord de 10-27, la llegada de una estrella consolidada supone una apuesta clara por liderazgo, identidad y relevancia.
Washington como punto de reinicio
Desde la perspectiva de Young, la relación con los Wizards no es unilateral. No se trata solo de rescatar a una franquicia necesitada, sino de un intercambio mutuo de energía y propósito.
“Esa podría ser otra razón por la que estoy aquí”, afirmó. “Podemos revitalizarnos mutuamente. La ciudad puede revitalizarme tanto como yo puedo revitalizarla a ella”.
Washington no pisa la postemporada desde 2021 y atraviesa un proceso de desarrollo centrado en juventud y paciencia. Para Young, ese contexto representa una oportunidad, no una limitación.
“Quiero ser una persona y un jugador influyente dondequiera que vaya”, explicó. “Si voy a revitalizar esta ciudad, necesito que la ciudad y este equipo me den tanto como nosotros les vamos a dar a ellos”.
La salida de Atlanta fue emotiva, pero no amarga. Young entiende el negocio, acepta el cambio y mira hacia adelante con determinación. Ahora, en una nueva ciudad, con un nuevo uniforme y un nuevo reto, busca algo más que estadísticas o contratos.
Busca relevancia, propósito y renovación.
Y en Washington, Trae Young cree haber encontrado el lugar perfecto para empezar de nuevo.