No hay manera. En la NBA, lo peor que puede suceder es estar a medio camino, navegar en agua de nadie y no optar ni a competir ni a reconstruir. En esa tierra de nadie anda anclado Chicago Bulls desde hace mucho tiempo y hay un espectacular dato que pone de manifiesto el problema estructural que supone esto para la franquicia.
Marcando como fecha de referencia el 2016 y, por tanto, disponiendo de un decenio de margen, llama la atención que la única franquicia que no ha ganado una serie de playoffs ni ha drafteado a un All Star, sea Chicago Bulls. Una ciudad y una organización de este calibre no se puede permitir una travesía por el desierto de este calibre. Un cúmulo de malas decisiones, aciaga fortuna y gestión pésima han conducido al equipo dominador en los 90 a verse en el ostracismo más absoluto.
El panorama de futuro no es muy halagüeño. Ahora mismo, resulta poco apetecible para cualquier jugador fichar por una franquicia que no ha sabido poner fin a proyectos fallidos cuando correspondía, pero que tampoco ha mostrado habilidad alguna para reconstruir, matizar o buscar soluciones sobre la marcha. En definitiva, un auténtico desastre para el que no parece haber solución sencilla.
The Bulls are stuck in purgatory pic.twitter.com/olQ4ePIpaF
— Onyx (@OnyxOdds) April 21, 2026