El análisis del box score del triunfo de los New York Knicks sobre los Cleveland Cavaliers en el primer partido de la serie del martes podría sugerir que Josh Hart tuvo un mal encuentro.
No solo lanzó por debajo del 50 por ciento en tiros de campo y del 20 por ciento desde el triple, sino que también cometió dos pérdidas de balón, jugó solo 31 minutos en un partido que se fue a la prórroga y terminó con un plus/minus de -23, lo que indica que con él en pista los Knicks fueron superados en 23 puntos.
En el segundo partido del jueves, Hart, a simple vista, tuvo un rendimiento mucho mejor. Sumó 26 puntos, incluyendo 5 de 11 en triples, repartió siete asistencias, capturó cuatro rebotes, añadió dos robos y cometió una sola pérdida de balón. Su plus/minus fue de +18. El propio Hart reconoció que el segundo encuentro fue mejor, aunque no comparte la lectura de que el primero fuera necesariamente negativo desde su perspectiva.
“Yo nunca he sido un gran fan de la analítica”, afirmó el jueves por la noche. “En cierto punto, son como una farola para una persona borracha: puedes apoyarte en ella, pero no te va a llevar a casa. Llega un momento en el que tienes que tener buenas sensaciones del juego”.
La comparación de Hart, que provocó risas entre los periodistas y también de Karl-Anthony Towns, que estaba sentado a su lado, fue destacada dentro del entorno del equipo. El entrenador de los Knicks, Mike Brown, coincidió en que el impacto de Hart va más allá de la estadística.
“Hace muchas pequeñas cosas que no aparecen en el box score”, señaló Brown. “Obviamente, ha tirado bien esta noche, ha anotado 26 puntos, ha dado siete asistencias, una pérdida, pero hace mucho más”.
Para valorar el impacto real de Hart en el juego, es necesario ir más allá de los números y observar su presencia en pista. Eso puede incluir defender al mejor jugador del rival, recuperar un balón suelto en un momento clave que cambia la inercia del partido o incluso intervenir en el vestuario durante los tiempos muertos.
Sea lo que sea, el cuerpo técnico lo valora. Brown llegó a compararlo con otro jugador al que entrenó en su etapa en los Golden State Warriors: Andre Iguodala.
“Son jugadores distintos, pero similares porque Andre también tiene carácter”, explicó Brown. “Es un gran jugador que hace muchas pequeñas cosas que, si no estás atento, no aprecias. Con Josh es lo mismo”.
Iguodala disputó 19 temporadas en la NBA y, aunque sus números nunca destacaron de forma llamativa salvo algunos años en los Philadelphia 76ers, tuvo un impacto relevante en su rol.
Durante la dinastía de los Warriors en la década de 2010, fue habitual que no partiera como titular, pero aun así influyó en el juego hasta el punto de ser nombrado MVP de las Finales en 2015, con un promedio de 10,4 puntos en esos playoffs.
Tremendo rendimiento de Hart
El rendimiento ofensivo del jueves aparte, Hart encaja en un perfil similar para los Knicks, lo que explica la confianza que el entrenador deposita en él.
“Por su impacto como conector, tengo que darle más margen que a otros jugadores”, afirmó Brown. “Tengo que dejarle ser él y no interferir demasiado”. “Eso es difícil como entrenador, porque estás pendiente de los sistemas, del box score y de la perfección. Pero con Josh, igual que con Andre, todo eso a veces hay que dejarlo a un lado porque son jugadores que ayudan a ganar”.
Hart agradeció las palabras y la comparación con un jugador de referencia histórica, aunque mantiene el foco en su rendimiento colectivo. “Iggy fue un gran jugador, no sé si estoy a ese nivel, pero intento salir y jugar mi partido”, señaló Josh Hart.